TRES VALLES EN EL INTERIOR DE ALICANTE QUE TE LLEVAN HACIA EL MAR

Las montañas del interior de Alicante están llenas de sinuosas y solitarias carreteras que te van dirigiendo hacia pequeños y tranquilos pueblecitos donde parece que se ha parado el tiempo, y donde te da la impresión de que no conocen las prisas y los agobios de la época actual.

Nosotros recorrimos tres de estos valles en un día de enero para acabar durmiendo frente al Mediterráneo. Son, por el orden en que los recorrimos, la Vall de Gallinera, la Vall de Ebo y la Vall de Laguar.

Pueblos del interior de Alicante pero cerca del mar

Hay un gran contraste entre estos tranquilos pueblos y encontrar, a pocos kilómetros, el bullicio de las zonas  turísticas de Calpe, donde dormimos, y de Altea, donde pasamos el siguiente día. Pero la vida esta hecha de contrastes y esto es lo que nosotros buscábamos en esta escapada invernal.

Los tres valles pertenecen a la comarca de la Marina Alta, en la provincia de Alicante y están a menos de dos horas de Valencia.

Os quiero contar lo que encontré mas interesante en cada uno de estos tres valles.

  La Vall de Gallinera

Este valle consta de 8 pueblos unidos en un único Ayuntamiento. Nosotros hicimos el recorrido desde el interior hacia la costa recorriendo los pueblos de Benissili, Llombai, Alpatró, La Carroja, Benitaia, Benissiva, Beniali y Benirrama, por este orden. Todos ellos se encuentran a ambos lados de la carretera que atraviesa el valle.

¿Y que tiene de especial este valle? Pues el disfrutar del recorrido por la tranquila carretera, de unos 15 kilómetros, que une todos ellos. Escuchar el silencio y pasear por calles solitarias con sus balcones y puertas adornadas con flores y con las típicas persianas en las ventanas.

Y si vienes en marzo podrás ver el espectáculo de los cerezos en flor que cubren de blanco las laderas de los montes . Un paisaje de esos que se quedarán en tu retina.

Tomar un café en mitad del camino. Pequeños placeres

Por el nombre de los pueblos se ve claramente su origen árabe, como tantos otros pueblos de esta zona. En cada uno de ellos hay paneles explicativos del origen del pueblo, sus lugares más destacados y las rutas que se pueden hacer por sus alrededores.

El recorrido lo acabamos en Pego y de ahí entramos en el siguiente valle: la Vall d´ Ebo.

La Vall d´Ebo

Aquí la carretera es más tortuosa porque estamos subiendo un puerto de montaña. Nos acompañan los ciclistas, en grupo, en pareja o en solitario que también paran, como nosotros, en la parte más alta del puerto, para admirar las vistas que hay desde aquí.

Si sigues bajando el puerto, hacia el siguiente valle, la Vall d´Alcalà, como hacen la mayoría de ciclistas, poco después del pueblo de la Vall d´Ebo, se encuentra la Cueva del Rull, una gruta subterránea, actualmente abierta al público con visitas guiadas, que puede ser interesante de visitar. Por si te animas a hacerlo aquí te dejo la ubicación exacta, el precio y el horario para visitarla, que nos explican con todo lujo de detalles en el blog Valencia Bonita.

Pero nosotros no bajamos el puerto sino que desandamos lo andado porque hemos reservado para comer en Sagra, en el restaurante Un Cuiner a l´ Escoleta.

Comer rodeados de montañas. Un Cuiner a l´Escoleta en Sagra

Es curioso encontrar restaurantes con cocina selecta por estos lugares pero, éste donde comimos no es el único y es una maravilla degustar estos platos rodeados de un entorno tan bonito y en edificios tan singulares.

Después de comer nos adentramos por el siguiente valle, la Vall de Laguar.

La Vall de Laguar

Este valle está compuesto por cuatro pequeños pueblos, que forman un único Ayuntamiento, Fontilles, Campell  o Poble de Baix, Fleix  o Poble d´Enmig y Benimaurell o  Poble de Dalt.

Nuestra intención es llegar al Sanatorio de Fontilles, antigua leprosería y hoy hospital de San Francisco de Borja. El lugar donde está, un valle rodeado de montañas, aun hace más aislado este complejo hospitalario.

Antiguo Sanatorio de Fontilles

No te cuesta imaginar cómo sería en el siglo pasado este sanatorio, fundado en 1909 y único en España, donde acudían los enfermos de lepra, cuando la lepra se consideraba un estigma y los enfermos tenían que estar aislados del resto de la sociedad.

Y así se siente este lugar, como fuera del resto del mundo, una sensación de aislamiento ayudada por la muralla que, sobre los montes de alrededor, rodea este complejo hospitalario.
Además del edificio del hospital hay muchas otras edificaciones, teniendo en cuenta que esto era como una ciudad autosuficiente: capilla, cafeterías, cocina, lavandería…

La mayoría de estos edificios están abandonados, lo que te deja una sensación un poco amarga pero, desde luego, el entorno es precioso.

Edificios de la antigua leprosería de Fontilles

La leprosería se fundó en 1909 y estuvo en funcionamiento hasta 1968 cuando los enfermos de lepra ya eran atendidos de manera ambulatoria, vivían en sus hogares y solo acudían a este Sanatorio para revisión.

Hoy en día, por medio de la Fundación Fontilles, se sigue investigando sobre la lepra y dando cursos a médicos de todo el mundo. También, por medio de programas de cooperación internacional, se da atención a personas que sufren de lepra en los países en los que esta enfermedad no está erradicada.

Por lo que se puede decir que, después de más de 100 años, en este pequeño rincón de las montañas del interior de Alicante se continua luchando contra la lepra.

Se va haciendo de noche y volvemos ya a la civilización después de haber pasado un día tranquilo y relajado. Vamos a dormir en Calpe.

El Peñón de Ifach hace de Calpe un pueblo singular

Calpe no es solo playa, amplia y de arena por cierto, tampoco es solo el Peñón de Ifach, que le da esa vista tan característica y que hace de este pueblo costero un lugar único y singular. Calpe también tiene un casto antiguo muy bonito con sus peculiaridades, como las puertas de entrada al antiguo pueblo amurallado o las calles que desde lo alto se dirigen, en pronunciada cuesta, hacia el mar.

Puerta de entrada la casco histórico de Calpe
Murallas de Calpe

Porque estos pueblos costeros y marineros, tan rodeados de montañas suelen estar situados en pequeñas colinas desde donde poder avistar los posibles peligros que venían desde el mar.

No te pierdas el subir a lo alto de algunas de las urbanizaciones que rodean el pueblo para tener esta preciosa vista desde alguno de sus miradores.

Vistas de Calpe

Y así también nos encontraremos el pueblo de Altea, con su iglesia en la parte más alta, desde donde encontramos unas preciosas vistas de nuestro querido Mediterráneo.

Altea desde la Plaza de la Iglesia

Pero yo venía a contaros que, a pesar de lo bonito que son estos pueblos costeros, que no por ser muy turísticos son menos bonitos, no os olvidéis del interior de la provincia, y si tenéis ocasión visitéis estos valles y comáis en alguno de sus coquetos restaurantes.

Os aseguro que pasaréis un día en contacto con la vida rural y la naturaleza que hace que se te carguen las pilas para poder seguir llevando el veloz ritmo que nos exige nuestra vida urbanita.

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