SORIA PARA AMANTES DE LA LITERATURA

Soria, junto con Teruel, son dos destinos poco turísticos pero donde puedes descubrir todavía verdaderas maravillas en soledad, sin una horda de turistas rodeándote, y eso a mi me encanta.
No es la primera vez que voy a la provincia de Soria, pero sí la primera vez que duermo en la capital, y que recorro, sin prisas, esas calles por las que pasearon los grandes maestros de la literatura española, como Antonio Machado o Gerardo Diego.

Soria es la capital de provincia más pequeña de España y tiene ese encanto especial de las capitales de provincia castellanas, sobrias pero acogedoras. Y lo primero que me gusto ver, nada más llegar, fue a la estatua de Gerardo Diego tomándose un café en la puerta del Casino.

Eso ya nos daba un guiño sobre la importancia que ha tenido la literatura en esta pequeña ciudad castellana.

Aquí, las referencias a Antonio Machado y a Gerardo Diego están por todas partes y es que, esta pequeña capital, ha inspirado obras maestras, como Campos de Castilla o Soria Sucedida, creadas por importantes poetas y escritores de todas las épocas de la literatura española.  Porque la vida en esta pequeña ciudad y la naturaleza y el arte que la rodea, marca un espíritu artístico y literario que se respira por sus calles.

Tanto Antonio Machado primero, como Gerardo Diego unos años después, llegaron a este destino al haber obtenido una cátedra para enseñar en el Instituto de esta pequeña ciudad. Este instituto hoy lleva el nombre de Antonio Machado.

Instituto donde dieron clase Antonio Machado y Gerardo Diego

El hotel que elegimos para pasar unas cuantas noches estaba al ladito de la Plaza Mayor. Era el hotel Contabitarte, y a pesar de estar en pleno casco antiguo, se le ha hecho una rehabilitación muy cuidada, siendo un hotel moderno y cómodo pero que no desentona para nada con los edificios de alrededor.

En la Plaza Mayor nos esperaba la estatua de doña Leonor, la adorada  esposa de Antonio Machado, a la que conoció en Soria y que se encuentra apoyada en una silla, en la puerta de la Iglesia de Santa María la Mayor, donde se casaron tres años antes de su muerte.

Santa María la Mayor con la estatua de Leonor, la joven esposa de Antonio Machado

También se encuentra aquí el Ayuntamiento y varias tabernas donde poder probar los famosos torreznos de Soria, que puedes amar u odiar pero que al menos una vez los tienes que probar, con una copa de buen vino de la zona, Ribera del Duero.

Los torreznos y una copa de vino, el aperitivo típico de Soria

Soria es una ciudad pequeña, adonde puedes ir a todas partes andando, y eso es lo primero que hicimos en cuanto dejamos las maletas en la habitación, darnos una vuelta por esas calles por las que han paseado personajes tan ilustres.

Nuestro primer contacto con el románico fue la iglesia de  Santo Domingo que tiene una fachada considerada una de las más ricas, homogéneas y armoniosas del románico y que te deja con la boca abierta. Aquí empezamos a disfrutar del románico puro que nos vamos a encontrar por todas partes.

Y también empezamos a vislumbrar la importancia que ha tenido Soria en la historia de España, ya que aquí escondieron a Alfonso VIII cuando heredó el trono de Castilla, con solo tres años, para librarlo de los peligros que le acechaban y en esta misma Iglesia se casó años después.

Iglesia de Santo Domingo

El siguiente edificio que vimos fue el Palacio de los Condes de Gómara, una enorme casona edificada en estilo renacentista por un importante comerciante de la ciudad y que tiene una fachada kilométrica, que todavía era más grande en el proyecto original pero que, dicen las malas lenguas, la vetó Felipe II para impedir que este palacio eclipsara al de El Escorial.

El conjunto queda imponente con sus 12 columnas de estilo toscano en la primera planta  y las 24 columnas de estilo jónico en la planta superior.

Palacio de los Condes de Gómara

También paseamos por la Alameda de Cervantes y fuimos a ver la iglesia de San Juan de Rabanera, otro ejemplo de románico puro y que se encuentra al lado del Palacio de la Diputación.

San Juan de Rabaneda

Este edificio, el Palacio de la Diputación, está custodiado por  ocho estatuas de bronce que representan a ocho personajes relevantes de la provincia de Soria y que son tan reales que parece que te estén vigilando, cuando pasas por su lado.

Palacio de la Diputación de Soria

Y aquí y allá, en cualquier chimenea o en cualquier campanario, parejas de cigüeñas en sus nidos, que hacen un fuerte ruido chocando sus picos.

Cigüeñas en la ciudad de Soria

Por cierto, si quieres conocer Soria de una manera más original puedes hacerlo con este tour nocturno en el que te explicaran todos los Misterios y Leyendas de Soria.

Nos dejamos para otro día el paseo más bucólico y el edificio más emblemático de Soria: pasear a orillas del Duero y visitar San Juan de Duero, con su precioso claustro, y la Iglesia de San Saturio encaramada frente al caudaloso río. Pero nuestro error fue no mirar bien los horarios y el paseo lo pudimos dar, pero San Juan de Duero estaba cerrado. Así que, para que no os pase como a nosotros, aquí te dejo los horarios y así puedas organizarte mejor y no te pierdas esta visita.

Lo mismo nos paso con la Concatedral de San Pedro, ya que queríamos ver el claustro románico, que está considerado uno de los mejores claustros románicos españoles por sus proporciones arquitectónicas, pero al que tampoco pudimos entrar al estar cerrado.

Lo que si que hicimos fue dar un paseo a orillas del Duero, recordando el poema de Machado que tan bien lo describe: «Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día. Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía, buscando los recodos de sombra, lentamente.»

Paseando por las orillas del Duero

En los cuatro días que estuvimos en Soria fuimos un día hacia el sur, pura Castilla, para ver las joyas del románico,  que nos esperaban en San Esteban de Gormaz, Calatañazor, el Burgo de Osma, y Berlanga de Duero, adonde nos desplazamos exclusivamente para descubrir la pequeña ermita mozárabe de  San Baudelio, cuyo interior es verdaderamente curioso,¡ ya os contaré!, pero donde, además y sin esperarlo, descubrimos una preciosa Colegiata con una bonita historia. En este post de Soria para amantes del románico os lo cuento todo.

Otro día fuimos hacia el norte, hacia la Suiza soriana, las Tierras Altas,  donde se hace la típica mantequilla de Soria, y donde acabamos llegando a la Laguna Negra, en plenos Picos de Urbión y comiendo a orillas del Pantano de la Cuerda del Pozo, además de visitar las ruinas de Numancia. En el post Soria para amantes de la naturaleza os detallo el recorrido que hicimos.

No podían ser dos ambientes más diferentes, meseta y montaña, muy cerca ambos de la ciudad de Soria. ¿De verdad que aún piensas que Soria no vale la pena como destino turístico?.

Y ya para despedirnos, el último día, subimos a tomarnos un café al Parador, que se encuentra en lo alto de una de las colinas que bordean Soria y, desde donde hay una vista espectacular de la ciudad.

El Parador está rodeado de unos bonitos jardines, desde donde se tiene una buena panorámica de la Ermita de San Saturio, situada a media ladera de la Sierra de Santa Ana y siempre vigilando el paso de las caudalosas aguas del río Duero.

La ermita de San Saturio vista desde los jardines del Parador

Y así dejamos Soria, de noche, silenciosa y solitaria, con las terrazas de las tabernas de la Plaza Mayor recogidas, y solo Doña Leonor siempre vigilante, don Antonio Machado sentado delante de su Instituto y Gerardo Diego tomándose un café, y recordándonos la importancia que ha tenido esta ciudad en la literatura española.

¡Si eres amante de la literatura, y aunque no lo seas, tienes que conocer Soria!

Plaza Mayor de Soria

Y si ya  conoces Soria y te gusta el encanto de estas pequeñas ciudades de interior, también tienes que conocer Valladolid, una ciudad que me gustó mucho más de lo que esperaba.

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