¿Tú sabías que hay una carretera en España, la A-1702, donde vienen moteros de todos los países a recorrerla? ¿Tú sabías que le llaman The Silent Route, así en inglés? ¿Y tú sabías que esa carretera está en una de las provincias más bonita, tranquila y despoblada de España?
Pues así es, nunca te lo imaginarías pero esa carretera está en la provincia de Teruel, entre la comarca del Maestrazgo y la de Sierra de Arcos. Y por la zona que siempre elegimos nosotros cuando queremos huir del bullicio de la ciudad.

Pero la Ruta del Silencio, o The Silent Route como se le llama en ambientes moteros, era desconocida para mí hasta hace poco tiempo.
Y en el mismo momento en que oí hablar de ella, y que vi por donde discurría, me dije: «¿Cómo es posible que no conozca esta zona de mi provincia favorita? Yo tengo que recorrerla». Y eso hicimos un fin de semana de agosto, porque hasta la climatología es benévola en esta zona. ¡Qué más se puede pedir!
Ya solo el nombre de la ruta nos da la pista de lo que nos vamos a encontrar. Es la Ruta del Silencio, The Silent Route, exactamente la carretera A-1702 y pertenece a lo que se llaman Slow driving, carreteras para recorrer despacio, con tranquilidad.
Esta ruta os gustará si buscáis conocer lugares alejados de ciudades y multitudes, donde circularéis por tranquilas carreteras, en bastante buen estado, e iréis encontrando rincones preciosos en cada kilómetro que hagáis.
La ruta empieza en el Puerto Cuarto Pelado, a 9 km. de Cantavieja, y termina en La Venta de la Pintada, donde se junta con la carretera que va hacia Aliaga, pero también la puedes hacer al revés, según como te venga mejor. Nosotros la empezamos en El Cuarto Pelado, pero la acabamos en Ejulve, ya que nos venía mejor para continuar hacia donde íbamos a dormir esa noche y lo que queríamos ver al día siguiente, como luego te contaré.

El inicio de la ruta, tal como la hicimos nosotros, está cerca de la localidad de Cantavieja. Como salimos de Valencia, que está a unas dos horas y media del inicio de la ruta, nosotros nos alojamos al final del camino, pero si vienes de más lejos, Cantavieja es un buen lugar para dormir y poder empezar la ruta bien prontito a la mañana siguiente.
La ruta completa se puede hacer en un día, aunque tendrás que tener en cuenta los lugares en los que quieras hacer una parada. Nosotros paramos en Pitarque, en Montoro de Mezquita donde recorrimos las pasarelas de Valloré y en Ejulve, además de las paradas que hicimos en el mirador de los Órganos de Montoro y en otro mirador donde hay una escultura con el logo de The Silent Route.

No es un viaje para ir con prisas sino que debes saber disfrutar del propio viaje por esta carretera llena de anécdotas de la época de la guerra civil y de la posguerra, por la importancia que tuvieron aquí los maquis.
Porque, aunque parece que esta carretera está en medio de la nada, o precisamente por eso, fue un buen lugar donde llevar a cabo esa guerra de guerrillas que continuó algunos años más después de acabar la guerra civil española.
Poco después de empezar la ruta, en el kilómetro 50, hay un monumento al Caimán. Este era un autobús, llamado El Caimán por los lugareños, que recorría esta carretera desde Cantavieja hasta Alcorisa, uniendo las distintas poblaciones de la zona. Ahora hay una réplica de este autobús en un lado de la carretera donde poder parar y hacer un pequeño descanso, además de conocer una pequeña parte de la historia de esta comarca.
El primer pueblo por el que pasas es Cañada de Benatanduz y más adelante, en la misma carretera, está Villarluengo.

Este pueblo tuvo una época de esplendor porque aquí se instaló, en el s.XVIII, la primera fábrica de papel continuo de España con la tecnología más moderna de la época, donde se hacía el Papel Moneda que luego se llevaba en carros hasta Madrid.

Más adelante esta fábrica se convirtió en textil, siendo uno de los primeros lugares donde hubo luz eléctrica, y se amplió construyéndose también casas para los dueños, para los trabajadores que venían de toda la comarca e incluso una escuela y una capilla.
Las fábricas se cerraron poco después de la guerra civil y los habitantes del pueblo tuvieron que emigrar, quedando ahora menos de 200 habitantes.
Una de esas fábricas se reconvirtió en el mítico Hostal de las Truchas que, reformado hoy en día, aun está en funcionamiento.
Pero nosotros pasamos de largo y el primer sitio donde vamos a parar es Pitarque, y para ello nos tenemos que desviar unos pocos kilómetros de la carretera. Impresionan los túneles hechos en la propia roca para poder alcanzar este pequeño pueblo donde podrás ver, después de una caminata, el nacimiento del río Pitarque.
Volvemos a la A-1702 y lo siguiente con lo que nos encontramos es, en la misma carretera, con Los Órganos de Montoro, unas formaciones rocosas que, a causa del viento que aquí corre, han tomado la forma de un órgano. ¡Un paisaje que parece sacado de otro planeta!

Seguimos viaje y ahora nos desviaremos de la carretera para llegar a Montoro de Mezquita, que cuenta con apenas diez habitantes. Y paramos aquí porque queremos recorrer las pasarelas del Estrecho de Valloré que bordean el río Guadalope, pero es la hora de comer y nos encontramos, justo al inicio de la ruta, una especie de chiringuito con vistas a las montañas perfecto para hacer una parada.

Después de comidos y reposados iniciamos el camino a las pasarelas. Durante más o menos un kilómetro primero tendrás que subir un poco y después descender hasta el río, donde te encontrarás con el inicio de las pasarelas.
Estas pasarelas, desde hace poco, están unidas con las de Aliaga por lo que son ya 23 Kilómetros de pasarelas las que unen estas dos localidades, Montoro de Mezquita y Aliaga, por medio de un paseo fluvial siguiendo el curso del río Guadalope y pasando por lugares espectaculares a los que no se puede acceder de otra manera. Todo un regalo para los sentidos.

Pero nosotros hemos iniciado el recorrido por la tarde, además de que se ven nubes de tormenta que van llegando rápidamente, por lo que solo hacemos los 200m de pasarelas hasta llegar al valle y donde se inicia el camino para conectar con las de Aliaga.

Una vez acabado este primer tramo de pasarelas volvemos sobre nuestros pasos siguiendo el curso del río Guadalope que baja de color marrón a causa de las tormentas que han habido en días anteriores en su cuenca alta, y seguimos camino hacia Ejulve, ya en la comarca de Andorra-Sierra de Arcos, y que será el final de nuestra ruta.
Pero no acabamos esta ruta sin antes hacernos fotos en dos de los lugares más emblemáticos: un mirador con el logo de The Silent Route, donde descansamos un poco disfrutando de las vistas, y una escultura, a las afueras del pueblo de Ejulve, que es un guiño a los cientos de moteros que recorren esta solitaria carretera perdida en medio de la nada.

Y una vez cumplido el deseo de recorrer esta carretera, deseo que tenía desde hace tiempo, exactamente desde que conocí la existencia de esta ruta de nombre anglosajón, vamos a completar nuestro viaje visitando otros lugares pocos conocidos y nada turísticos de esta completísima provincia de Teruel que tanto nos gusta.
Y en Ejulve, donde paramos a comprar provisiones para esta noche, paseamos por sus calles y subimos hasta la cruz desde donde se ve una panorámica del pueblo y del tranquilo paraje donde se encuentra.

Esta noche nos vamos a hospedar en el hotel Don Iñigo de Aragón, en el escondido pueblo de Cuevas de Cañart, ya de nuevo en la comarca del Maestrazgo.
Este hotel es una antigua casona señorial del s.XVIII, totalmente restaurado, que está en la plaza principal y que vive, según nos cuentan en recepción, de hospedarse la enorme cantidad de moteros que hacen The Silent Route, tanto españoles como extranjeros.
Resguardados en su terraza tenemos ocasión de ver, ya de noche, una tormenta con truenos que retumbaban bajo nuestros pies y relámpagos que iluminaban las montañas que nos rodeaban. Toda la fuerza de la naturaleza ante nuestros ojos.

Este pequeño pueblo de origen medieval, que pertenece al municipio de Castellote, ha sido declarado Bien de Interés Cultural. Su peculiaridad es que ha tenido dos Conventos de gran magnitud, siendo curioso que estuvieran en esta localidad de apenas 300 habitantes.

Son el Convento de las Concepcionistas Franciscanas, donde hubo monjas de clausura hasta 1981 y el Convento de los monjes Servitas que fue parcialmente destruido en las guerras carlistas que tanta importancia tuvieron por estas tierras.

Al día siguiente vamos a visitar las Grutas de Cristal en la localidad de Molinos, un pueblo que nos sorprendió gratamente al tener un barranco, que pasa por el centro del pueblo, con una cascada enorme. Una de las muchas curiosidades que vamos a descubrir y que te cuento en el próximo post.
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