ROTTERDAM, UN DESTINO ATÍPICO EN HOLANDA

Siempre había querido conocer Holanda. Ese país que ha ganado terreno al mar, con sus canales, obras de ingeniería reputadas en todo el mundo y sus ciudades llanas llenas de bicicletas.

Mi idea de Holanda era conocer Amsterdam, Amberes, Utrecht o La Haya. Pero por circunstancias de la vida, que a menudo te lleva por lugares que tú no planeas, me he visto conociendo Holanda con los ojos puestos en Rotterdam, una ciudad totalmente diferente de la idea de las ciudades holandesas al uso.

Un destino realmente original y un poco atípico, pero que me asombró como todo lo que no te esperas, que te lleva a abrir un poco más los ojos y la mente e imprime nuevos paisajes en tu retina.

Y así, un día de octubre, me vi cogiendo un vuelo de Valencia a Eindhoven, un autobús del aeropuerto de Eindhoven a la Estación Central de esta ciudad, un tren de la Estación Central de Eindhoven a la de Róterdam y un tranvía hasta nuestro apartamento, todo ello lloviendo a mares, como toca en este país donde ves agua por todas partes. Y todo eso con dos niños muy pequeños.

Pero lo que menos me esperaba era encontrar una ciudad con unos edificios supermodernos y realmente atrevidos, empezando, nada más llegar, con la propia Central Station.

Estación Central de trenes de Rotterdam

Pero ya sabéis lo que me gustan estos destinos tan poco turísticos, y disfruté mucho de esta visita, un poco rápida a Rotterdam, y por eso os quiero trasmitir lo que más me gusto.

Y si eres de los que te gusta que den una idea de qué puedes encontrar en el lugar que vas a visitar puedes contratar desde aquí un Free Tour por la ciudad de Rotterdam, donde durante dos horas y media os enseñaran los lugares más emblemáticos y os contarán la historia de esta ciudad que sufrió los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

El paisaje que se quedó en mi Retina: El skyline de la ciudad y la audaz arquitectura

Para entender el diseño moderno de esta ciudad hay que conocer que su casco antiguo medieval fue prácticamente destruido en la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente, en lugar de restaurar los edificios destruidos, se decidió hacerlos nuevos, pero no unos edificios normales sino con un diseño innovador y realmente audaz.

Eso se nota, sobre todo, en las Casas Cubo, un conjunto de pisos realizados por el arquitecto Piet Blom, que te llaman la atención desde el primer momento que las ves por su ubicación, bastante céntrica, su diseño extraño y peculiar, y el hecho de que son casas donde vive la gente normal.

Casas Cubos, extrañas pero habitables

Aunque considero que muy cómodas no son, hay que aplaudir el que se permita, de vez en cuando, dejar plasmar en la realidad sus ideas más locas a los arquitectos. Una de las casas se puede visitar y así puedes sentir en tus propias carnes cómo es vivir en unas de estas casas que desafían la imaginación. La entrada cuesta 3€ y puedes recorrer los tres pisos de la casa y comprobar la visión desde dentro del exterior, con estas ventanas en una posición tan extraña. Pero más que contarlo debes sentirlo.

En el interior de una Casa Cubo

Al lado de las Casas Cubo está el Edificio Lápiz, y enfrente uno de los iconos de la ciudad, el Markthal. Este moderno y bullicioso mercado tiene comidas de todas las partes del mundo y su techo es una enorme obra de arte. Vale la pena entrar solo para verlo y, si tienes ocasión de comer aquí, como hicimos nosotros, pues mejor que mejor. Seguro que encontrareis comidas para todos los gustos.

El Markthal
Interior del Markthal

     Muy cerquita del Markthal está la única iglesia que ha sido rehabilitada, después de ser destruida en el ataque aéreo a Rotterdam en Mayo de 1940, la Iglesia de San Lorenzo o Laurenskerk.

Iglesia de San Lorenzo

La historia de la restauración de esta iglesia es curiosa ya que la idea era derruirla y hacerla nueva, porque había quedado seriamente dañada, pero la reina holandesa del momento, Wilhelmina, se opuso y al final, y en contra de la opinión de arquitectos y políticos, se decidió restaurarla quedando como símbolo de la resistencia de la ciudad.

Laurenskerk o Iglesia de San Lorenzo

Hoy en día contrasta con los altos y modernos edificios que la rodean. En la plaza donde se ubica esta Iglesia se encuentra la estatua de Erasmo de Róterdam, el personaje histórico más conocido de esta ciudad. Y también, en esta plaza, nos llamó la atención algo que luego vimos en varios lugares: una pequeña estantería, resguardada de la lluvia, donde la gente cogía y dejaba libros. Un gesto que nos pareció curioso en esta era tan digital.

Antes de comer en el Markthal habíamos paseado por las orillas del Puerto Viejo o Oude Haven, un lugar encantador, con modernos edificios, donde ya empezábamos a intuir el skyline de la ciudad. A orillas de estos canales hay terracitas muy cucas de restaurantes donde poder comer, si te sale un día soleado, cosa que a nosotros no nos ocurrió, ya que estaba lloviznando.

El Puerto Viejo o Oude Haven

Y, en medio de todos esos edificios altísimos y modernísimos, destaca un edifico llamado La Casa Blanca, construida en el s. XIX en estilo modernista que, con sus diez pisos fue, en su momento, el edificio más alto de Europa, y aunque se pensó que el suelo, a solo un metro sobre el nivel del mar, no aguantaría su peso, fue de los pocos edificios que no se destruyeron en el bombardeo de 1940.

El edificio modernista llamado La Casa Blanca

Bordeando el puerto viejo pasamos por uno de los puentes que cruza uno de los muchos canales que hay en esta ciudad. Desde aquí seguimos descubriendo el paisaje supermoderno característico de Róterdam.

Canales y altos edificios es lo que caracteriza a la moderna silueta de esta ciudad.

También vemos algunas barcazas fondeadas en las orillas que son unos curiosos alojamientos turísticos.

Barcos donde te puedes alojar

Después de comer en el Markthal, donde probamos  los típicos arenques y una gran variedad de pescado rebozado, seguimos  paseando hasta llegar al Erasmusbrug, el puente ícono de la ciudad, y desde aquí ya podemos ver, en la otra orilla, una silueta de Rotterdam muy interesante. Nadie diría que estamos en una ciudad holandesa.

El Puente Erasmus y el skyline de la ciudad

Una de las  maneras de desplazarse por aquí son los water taxi. Unos barquitos, pequeños pero rápidos, que te llevan por los canales y te cruzan de uno a otro lado de la ciudad.

Si te ha llamado la atención la parte arquitectónica de Rotterdam puedes hacer un tour en español de la mano de un arquitecto profesional en esta visita guiada de la arquitectura de Róterdam. Me parece una idea muy interesante.

Ya por la tarde, y como seguía lloviendo, decidimos dar un paseo en barco. Antes, y para hacer tiempo hasta la hora de la salida del barco, estuvimos en una curiosa cafetería donde, además de servirte un café de especialidad, podías probar altavoces y equipos de música de alta gama.

El tema de las cafeterías en esta moderna ciudad es un tema aparte que ya os comentaré en otro post, ya que íbamos con Viktor, mi yerno, un amante del buen café, que nos fue descubriendo unas curiosas cafeterías, con modernos y minimalistas diseños, donde desayunar cada mañana, todas con un estupendo café gourmet.

Pero sigamos con la excursión en barco. Nos llevaron por todo el puerto de Róterdam, enorme, el más grande del mundo hasta que le quito el honor el de Singapur.

En el recorrido vas viendo cargueros gigantescos, miles de contenedores, superpetroleros … y te van explicando, a lo largo del viaje, un montón de curiosidades, aunque solo en inglés y en holandés. Después te acercan hacia la ciudad y tienes muy buenas vistas de ésta. Es hora y media de recorrido y una actividad perfecta para una tarde lluviosa como la de hoy.

Vistas de la ciudad desde el barco, en una tarde lluviosa

También es una buena actividad, quizá un pelín larga, si vas con niños. Nosotros íbamos con dos, de casi tres años y de cinco meses, y en el barco por lo menos puedes moverte, los niños pueden jugar, y no van sujetos como si fuéramos en un autobús, como el tour en el  splashboat, que también habíamos valorado.

Interior del barco

Este medio de trasporte, el Splashboat, es bastante curioso ya que es un autobús anfibio, que te lleva por las calles de la ciudad, y luego se convierte en barco y te hace un recorrido por el puerto. Se coge en el mismo sitio que el barco que cogimos nosotros, justo enfrente del Euromast, que es otro sitio turístico de Rotterdam al que no pudimos subir por estar lloviendo bastante.
El Euromast es una torre de observación a la que se sube hasta su cima con un ascensor panorámico y desde donde se tiene una vista desde las alturas de esta ciudad tan llana. Por si quieres subir aquí te dejo el enlace para comprar las entradas.

Tengo que deciros que Rotterdam no es una ciudad pensada para los niños. No encuentras parques con columpios por las calles y lo único que vimos fueron los patios de juegos de los colegios y guarderías, que los dejan abiertos fuera del horario escolar, para que pueda utilizarlos quien quiera. Bueno, algo es algo.

Patio de guardería abierto para poder ser utilizado

Por si te interesa saber cuales son las ciudades que yo te recomendaría para ir con niños, puedes leer «Cinco ciudades para visitar con niños».

Después del paseo en barco volvemos a nuestro apartamento en un edificio típico de estos países y que está muy cerca de una zona de museos que está en construcción, el Museumpark.

Parece mentira que, en pleno centro de la ciudad, todavía queden espacios y zonas por construir, pero así es Rotterdam, donde actualmente se están edificando modernos edificios, como el Depot Boijmans Van Beuningen. Es como una gran taza de café, recubierta de espejos y que sirve de almacén de obras de arte. Un edificio con un diseño muy vanguardista, como todo en esta ciudad.

Un almacén de obras de arte con un diseño vanguardista

Este almacén se creó para preservar de las inundaciones que podía sufrir la ciudad, obras de arte de Rembrandt, El Bosco o Kandinsky mientras se restauraba el Museo donde estaban ubicadas estas colecciones y lo que ha pasado es que el almacén ha destronado al Museo, por lo que desde hace poco este depósito de obras de arte está abierto al público. Una joya tanto por fuera como por dentro.

Si prefieres las visitas guiadas podrías hacer este tour del arte y la arquitectura, donde te llevarán a ver este edificio y muchos más lugares emblemáticos de la ciudad.

Cuando nosotros lo visitamos, todo a su alrededor estaba en obras, por lo que tendremos que venir a verlo cuando esté acabado, ya que será una bonita zona para visitar en Roterdam.

Entrada a nuestro apartamento

Sobre el alojamiento nosotros estuvimos en  Museumpark Apartments. El lugar donde se encuentran está bien situado y el interior de los apartamentos también está bien, pero hay que tener en cuenta que son edificios antiguos con unas escaleras estrechas y muy complicadas cuando vas con maletas, cochecitos de niños y un niño y un bebé, como íbamos nosotros.

Es algo que ya habíamos leído en los comentarios sobre el apartamento y lo alquilamos sabedores de ello, pero nunca nos imaginamos que realmente eran cuatro pisos por una escalera de caracol donde apenas te cabía el pie. Bueno, son esas anécdotas que hacen cada viaje especial.

Desde aquí podías ir andando a la mayoría de sitios que queríamos ver, y había cerca restaurantes, cafeterías y tiendas de alimentación, así como la calle comercial donde se encuentran las tiendas de ropa más conocidas.

Paseando por la calle, cerca de la Estación Central, nos dimos de bruces con una escultura que nos llamó la atención. Era una figura enorme e hiperrealista de un joven que te daba una sensación de tristeza enorme. Buscando la explicación de qué mostraba esta escultura nos enteramos que era una llamada de atención a la enorme tasa de suicidios que hay en los Países Bajos en la franja de edad entre 20 y 30 años, habiendo aumentado un 30% en este último año.
Esto nos hizo pensar en la cara B de este país, moderno, cosmopolita y con una tasa de paro entre las 10 más bajas de Europa.

Estatua que representa la alta tasa de suicidios en jóvenes en este pais.

Pero tengo que deciros que nos ha gustado Rotterdam, esta moderna ciudad con una arquitectura tan especial, aunque no se parezca en nada a la idea que yo tenía de las ciudades holandesas. Y nos guardamos en la retina su bonita silueta, con las vistas de algunos de sus curiosos edificios.

Skyline de Roterdam

Al día siguiente queremos hacer una excursión a Delft, un pueblo a una media hora en tren desde Rotterdam, para poder ver un típico pueblo holandés, con sus canales, sus molinos, sus calles empedradas. Ya os contaré.

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