Si buscas un destino en Europa que no esté muy lejos, al que se pueda llegar fácilmente en avión o en coche, según desde donde salgas, y que puedas visitar en tres o cuatro días, y desplazándote siempre en transportes públicos, ya has encontrado tu destino: Oporto.
Porque eso exactamente es lo que yo buscaba y así acabé pasando cuatro días estupendos en esta ciudad portuguesa. Te cuento lo que hice yo por si te sirve de inspiración para tu próximo viaje.
En el post llamado Próxima parada: Oporto, te cuento cómo organicé el viaje y por qué, después de mucho pensar, Oporto fue la ciudad elegida.
Nosotros volamos desde Valencia un día a primera hora de la mañana, por lo que, teniendo en cuenta el cambio de hora en Portugal, a las 10 y media ya estábamos tomando un buen café , ¡que bien hacen el café en Portugal!, con un pastéis de nata, de los muchos que nos tomamos estos días.

Oporto está en una colina por lo que todas las calles van bajando buscando el río Duero, centro neurálgico de la ciudad y de todos los turistas que pasan por aquí, por lo que tienes que ir preparado para subir y bajar cuestas.
Nosotros teníamos el hotel en la parte alta de la ciudad, el Ibis Porto Centro Mercado de Bolhao, que siendo el típico hotel de la cadena Ibis, está en una buena ubicación.
Lo primero que hicimos, después de dejar las maletas en el hotel y de haber tomado unas albóndigas o bolinhos de bacalao junto con una copa de vinho verde en el Mercado de Bolhao, al lado del cual nos encontrábamos, es ir bajando a buscar la Catedral.

Y también, como buenos turistas, nos tomamos un café en el hotel Majestic. Los cafés en Portugal son cortos y fuertes y los llaman bica o cimbalino y están buenísimos pero no sé si, por muy bonita que sea la cafetería del Hotel Majestic , y a pesar de que aquí parece que empezó a escribir sus libros la autora de Harry Potter, valga la pena pagar 6€ por un café y un pastel de nata. Tú decides.

Después del café ya fuimos bajando hacia la Seo y en la explanada donde se encuentra la entrada a la Catedral, que todavía está en una zona alta de Oporto, nos vamos a encontrar con los primeros miradores desde donde poder admirar la ciudad.


Y después de admirar las vistas entramos en la Seo de Oporto. La visita a la Catedral es interesante, sobre todo, por los murales azules y blancos tan típicos de Oporto y que nos iremos encontrando en muchos otros lugares, como la Estación Central o la Capela das Almas, que se encuentra cerca del Mercado de Bolhao.

Y después de visitar la Catedral seguimos bajando, por callejuelas con mucho encanto, hacia la orilla del Río Duero, hacia el llamado Cais de Ribeira.
El contraste de las callejuelas por las que bajamos, tan tranquilas y solitarias, incluso con aires de pueblo, con el ambiente ruidoso del Cais es impresionante. Terracitas, turistas paseando, músicos callejeros, grupos de amigos haciéndose fotos, empresas de catamaranes vendiéndote paseos por el río… Todo se mezcla en un ambiente bullicioso pero que no quita ni un ápice de belleza al lugar.
Y siempre presente, como el alma de Oporto, el Puente de Luis I, un puente de hierro realizado por un socio de Eiffel y que, junto con la Torre de los Clérigos, son los símbolos de la ciudad.

En algún momento de la visita debes cruzar este puente para ir a alguna bodega de Vila Nova de Gaia y catar el vino de oporto o para coger un barco que te lleve a recorrer el río pasando por sus seis puentes o simplemente para ver las fantásticas vistas que hay desde el centro del puente. Y todo eso hicimos nosotros el segundo día que estuvimos en Oporto.
El segundo día empezó, como no, comiendo en el desayuno del hotel los típicos Pasteis de nata. Y ya con el estómago lleno vamos andando hacia la parte alta del puente Luis I ya que hoy vamos a cruzarlo para ver Oporto desde la otra orilla.

Por cierto, si cuando llegas al final del puente no quieres bajar andando hasta la orilla del río, hay un teleférico que te baja.

En esta orilla, ya en Vila Nova de Gaia, es desde donde se coge el Crucero de los Seis Puentes, que te lleva por el río Duero, pasando por debajo de seis puentes, casi hasta la desembocadura en el Atlántico, y desde donde puedes admirar Oporto y alrededores desde otra perspectiva.

Hay varias empresas que realizan este mini-crucero y todas tienen el mismo precio, por lo que te interesa coger la que tenga su salida pronto y no tengas que esperar mucho tiempo.


El paisaje que se quedó en mi retina: El Palacio de la Bolsa
Después del paseo por el río volvemos al Cais de Ribeira y vamos a sacar las entradas para visitar el edificio que más me llamó la atención por lo inesperado, vamos a visitar el Palacio de la Bolsa.
Este edificio se encuentra muy cerca del Cais de Ribeira. Al final de éste, dejando el puente a tu espalda, te encuentras con una calle en subida llamada Rua da Alfándega. Por aquí llegas a la Plaza del Infante D. Henrique, y en el lado izquierdo de esta plaza se encuentra un edificio bastante grande, es el Palacio de la Bolsa.
La forma de sacar las entradas para visitarlo es bastante curiosa. La visita es guiada, hay una cada media hora y puede ser en cuatro idiomas diferentes, francés, ingles, portugués y español.
Cuando tú llegas miras en el panel a qué hora es la visita en tu idioma y cuántas entradas quedan para completar el grupo. Si hay alguna hora en la que no hay nadie apuntado puedes elegir tú el idioma.
Y, así, después de comprar las entradas, que cuestan 12 € y, mientras llegaba la hora de nuestra visita guiada al Palacio de la Bolsa, nos metimos entre pecho y espalda uno de los platos típicos de Oporto que no queríamos dejar de probar, una francesinha que es, ni más ni menos, que un sandwich caliente relleno de jamón, salchichas y carne de cerdo, con queso fundido por encima y una salsa de tomate. El plato es sabroso aunque contundente, pero no puedes irte de Oporto sin probarlo.

La visita al Palacio de la Bolsa nos encantó. Ya el lugar donde tenías que esperar a la guía era un patio cerrado espectacular, el Patio de las Naciones, donde están todos los escudos de los países que han tenido relación comercial con Portugal en algún momento de la historia.

Luego vas subiendo por enormes escaleras, despachos elegantes, pasillos interminables hasta que llegas a la joya de la corona, el Salón Árabe. También , y como curiosidad, se visita el despacho de Gustave Eiffel, que estuvo aquí algunos años trabajando en varios proyectos.
La visita nos gustó mucho, por lo que te recomiendo que no te la pierdas cuando organices tu visita a Oporto.


Lo siguiente que quisimos visitar fue la Librería Lello. Aquí no estoy tan segura de que valga la pena visitarla, sobre todo por las colas que hay que hacer para entrar y por la cantidad de gente con la que te encuentras dentro.
Hace unos años era simplemente una librería, muy bonita, pero que visitaban pocas personas, pero se empezó a hacer famosa a raíz del rumor que dice que la autora de Harry Potter, que vivió en Oporto unos años, se basó en ella para recrear algunas de las estancias de sus fantásticos libros.
Ahora tienes que comprar las entradas por internet eligiendo la hora a la que quieres ir y haciendo cola cuando llegues. Lo bueno que tiene es que el precio de la entrada te lo descuentan si compras allí algún libro. Nosotros aprovechamos y compramos dos libros de regalo para mis nietos.

Esta librería está cerca de la Torre de los Clérigos por lo que hicimos ambas visitas en la misma tarde. La Torre de los Clérigos es la torre más alta de Oporto. Tiene 75m. de altura y, si quieres llegar arriba del todo, has de ir preparado a subir 240 escalones.

Al día siguiente queríamos hacer una excursión en tren a algún lugar cercano y nos decantamos por ir a Guimaraes. El tren se coge en la estación de Sao Bento, decorada también con los típicos murales azules.

La visita a Guimaraes en tren y la visita que hicimos a la desembocadura del Duero montados en un típico tranvía os la cuento en otro post.
Nos gusta mucho utilizar el tren para conocer lugares cercanos a las ciudades que visitamos. Ya hicimos también una excursión en tren visitando Brujas cuando estuvimos en Bruselas, y fuimos a Milán en tren desde Bérgamo en nuestro último viaje a Italia.
Y ¿a ti? ¿Te gusta recorrer el país en tren o eres de los que prefieren alquilar un coche?
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