ELIGIENDO UNA CIUDAD NÓRDICA: COPENHAGEN (II)

En la entrada anterior en la que os hablé de nuestro viaje a Copenhagen, ya os conté que no deberíais perderos el entrar a los Jardines del Tívoli, visitar el Castillo de Rosenborg, ver el cambio de guardia en la plaza de Amalienborg, pasear por Storget y algunas cosas más.

En esta nueva entrada veremos  otros lugares de Copenhagen, quizá menos típicos que los que comenté en la entrada anterior, pero también muy interesantes.

Bueno, todos menos típicos no, porque como podréis comprender, no se puede estar en Copenhagen y no visitar su icono : La Sirenita

Para ver La Sirenita hay que desplazarse hacia las afueras de Copenhagen. Por supuesto que no puedes irte sin verla, pero es el lugar donde más turistas nos encontramos, todos haciendo fotos y es muy difícil, casi imposible, poder acercarte siquiera. Pero como había que verla allá que fuimos.

Esta estatua tiene ya un siglo de vida y es un homenaje de esta ciudad a su escritor más famoso, Hans Christian Andersen. Lo verdaderamente bonito es el lugar en el que está, en la bahía del puerto de Copenhagen que desemboca en el Mar Báltico.

Ésto es lo más cerca que pudimos fotografiarla, sorteando a un montón de personas más haciéndose fotos.

La Sirenita en la bahía del Puerto de Copenhagen

Pero lo que si que es realmente bonito es el entorno donde está ubicada y todo el camino que hicimos para llegar a ver este símbolo, La Sirenita, que todos identificamos con esta ciudad.

Camino hacia La Sirenita

Pasamos por uno más de los frondosos parques que tiene la ciudad, el Churchillparken, donde en una colina, en la parte alta del parque, se encuentra el Kastellet, una antigua fortaleza militar del s. XVII.

Kastellet

Y al final del parque nos encontramos con la Iglesia de San Alban y la Fuente de Gefion, una enorme y bonita fuente que representa el nacimiento de la isla de Setlandia que es donde se encuentra Copenhagen que, por si no lo sabéis, está en una isla, mientras que la parte de Dinamarca que está pegada al continente es la Península de Jutlandia.

Fuente de Gefion
Detalle de la Fuente de Gefion y la Iglesia de San Alban

Allí mismo, en el puerto, cogimos un ferry para desplazarnos a nuestro siguiente destino, la Ciudad Libre de Christiania.

La idea de coger el ferry es genial ya que es como un autobús que va haciendo paradas, pero por el canal Inderhavnen, que es un brazo de mar bastante grande que atraviesa la ciudad.

Así, además de llevarnos adonde queríamos ir, pudimos ir viendo Copenhagen de otra forma, y observar los edificios modernos más importantes, ya que muchos de ellos se encuentran a ambas orillas de este Canal: la Opera, el Teatro Real, el Diamante Negro…

La Opera a la derecha y el Teatro Real a la izquierda
Vista de la Iglesia de Marmol y Palacios de Amalienborg
La Biblioteca o Diamante Negro

Y después de unas cuantas paradas y de disfrutar de todas las vistas desde el ferry llegamos a nuestro destino, el barrio de  Christianshavn donde se encuentra «La Ciudad Libre de Christiania».

Uno de los famosos murales de Christiania.

Este lugar es muy peculiar y llama bastante la atención a cualquiera que visite Copenhagen.

Es una comunidad autogobernada, que se proclamó independiente de Dinamarca en 1971 y que ni siquiera se considera de la Unión Europea. Viven unas mil personas que se denominan a sí mismos Christianitas.

Lo más curioso es que aquí está permitida la venta y el consumo de marihuana y hay una calle, la Pusher Street, que podemos traducir como «la calle del vendedor de droga», donde hay montados tenderetes para su venta.

Por esta razón, cuando entras aquí has de seguir unas estrictas normas que hay escritas en la entrada, y la primera es que no se pueden hacer fotos, sobretodo en la Pusher Street.

Es como una comuna hippy que ha ido derivando a lo que es ahora. Quizá tengas que verla para decidir por ti mismo, pero yo creo que es una visita prescindible dentro de todo lo que te ofrece Copenhagen.

Vistas de la Ciudad Libre de Christiania

Pero como ya nos pasó con La Sirenita, el desplazarnos a visitar Christiania nos sirvió para ver sus alrededores. Muy cerca está la Iglesia del Salvador que tiene una torre en espiral muy original, pero sobretodo nos sirvió para descubrir un lugar para comer, el Copenhagen Street Food, que fue una experiencia que nos gustó bastante.

En el Street Food de Copenhagen

En el puerto, donde antes estaba ubicado un antiguo almacén, han colocado 40 food trucks que sirven comida gourmet. Son autocaravanas que venden comidas de todo el mundo.

Compras lo que quieres en cada una de los food trucks. En unas venden la bebida, en otras comida mexicana, o perritos calientes etc… Coges lo que has comprado y te sientas en unas mesas de madera con bancos corridos, al aire libre. Solo se puede pagar con tarjeta.

Esta forma de comer nos encantó y además es mucho más barata que en cualquier otro restaurante, ya que os comenté que la vida aquí en Copenhagen está muy cara.

Después de disfrutar un rato de la comida y descansar un poco cruzamos de nuevo el puente para visitar otro de los lugares que os recomiendo que no os perdáis: El Diamante Negro.

¿No os parece espectacular? ¡pues por dentro aun lo es más!

Este edificio alberga la Biblioteca Real de Copenhagen y aunque entrar en una Biblioteca no sea vuestro pasatiempo favorito, no dejéis de entrar en ésta.

Además, está unida por unos pasadizos aéreos a la Antigua Biblioteca, un edificio clásico de principios del s. XI, con una sala preciosa que imita  la capilla del palacio de Carlomagno de la Catedral de Aquisgrán.

Antigua Biblioteca Real

Esta antigua Biblioteca, que está junto al Parlamento, tiene unos jardines un poco escondidos, tranquilos y perfectos para pasar un rato descansando.

Nosotros nos encontramos con este lugar tan bonito y tranquilo sin buscarlo, al bajar de ver Copenhagen desde lo alto de la Torre del Parlamento.

Antigua Biblioteca Real y Jardines

Nos sorprendió positivamente cómo han sabido unir de una manera tan armoniosa estos dos edificios tan diferentes.

Pasadizos que unen la Antigua y la Nueva Biblioteca

Pero el Diamante Negro si por fuera ya es espectacular, por dentro aún lo es más. Es una biblioteca supermoderna, pero a la vez con un ambiente que invita al estudio. Tiene 8 plantas y unas cristaleras que dan al Canal.

Interior del Diamante Negro, enfrente el Barrio de Christianvahn

Fuera del edificio, y cara al Canal y al Barrio de Christianvahn, que está enfrente, hay unas escaleras de madera donde los daneses aprovechan para tomar el sol en los escasos momentos en que éste luce en Copenhagen.

 

Y  volvemos a nuestro barrio. Ya os dije que nos costó bastante encontrar alojamiento, y que al final nos alojamos en un apartamento que estaba en el barrio de Frederiksberg. Pues en ese barrio hay unos jardines preciosos, los Jardines de Frederiksberg, que parecen más bien un bosque, de esos que parece mentira que estén dentro de una ciudad.

Los frondosos jardines de Frederiksberg

Son los jardines del Palacio de Frederiksberg, que era la residencia de verano del Rey Frederik IV. Los jardines son de estilo de parque inglés, atravesado por multitud de senderos y canales  y tienen hasta un Pabellón Chino.

Palacio de Fredericksberg

Una tarde los atravesamos de parte a parte deleitándonos con la tranquilidad y el silencio que allí se sentía, y donde nos topamos con algo tan curioso como este Árbol de los Chupetes.

El árbol de los chupetes

Carta de despedida de los chupetes

Como ya sabéis lo curiosa que soy, en cuanto tuvimos ocasión intentamos enterarnos de qué historia se escondía detrás de este curioso árbol y ésto es lo que averiguamos.

Es tradición en los países nórdicos que los niños cuelguen en un árbol sus chupetes como el símbolo de dejar de ser bebe  y pasar a ser un niño mayor.

La idea es que el propio niño, colgando sus chupetes en el árbol, haga una despedida de su etapa de bebe, en ocasiones junto a una carta.

Y allí estaba ese árbol, lleno de chupetes colgando de sus ramas, junto con algunas cartas. Dio la casualidad que una de las cartas estaba escrita en español y aquí os dejo la foto y el texto, que me parece enternecedor:

«Querido Surnetroll: Hoy te dejo mis chupos. Los he querido por muchos años, pero ya soy un niño grande que no necesita más chupos. Cuidalos mucho»

Los psicólogos de los países escandinavos aseguran que todo ésto ayuda al niño a que aprenda a dejar ir las cosas que ya no le sirven.

 

Y para acabar nuestro viaje y también este post, el mismo día que nos volvíamos a casa, visitamos por la mañana la Fábrica de la cerveza Carlsberg, que también estaba en el barrio donde nos habíamos alojado. Esta fábrica es todo un emblema para esta ciudad.

Su entrada es espectacular , con un arco enorme con el nombre y cuatro enormes elefantes custodiandola.

Entrada a la fábrica Carlsberg
Enormes elefantes que custodiaban la entrada a la Fábrica Carlsberg

La historia se remonta al s. XIX cuando en 1847 su fundador Jacobsen decidió fundar una pequeña fabrica de cerveza en una colina al sur de Copenhagen.

Edificios de la Fábrica Carlsberg

Con el ticket de entrada, que vale 13€, te entra la visita a la fábrica, un paseo de 15 minutos en un carruaje tirado por caballos, como los antiguos que hacían el reparto de las cervezas, y una cerveza en una pequeña terraza al aire libre que hay dentro de la fábrica. ¡No está nada mal!

 

Antiguos carruajes donde se transportaba la cerveza

Nosotros lo hicimos todo, visitar la fábrica, pasear en el carruaje y tomarnos las cervecitas, disfrutando de ese tímido sol que nos había acompañado todos los días que pasamos en esta nórdica ciudad, que tan buen gusto de boca nos ha dejado.

Despidiéndonos de Copenhagen con una cerveza en la Fabrica Carslberg

 

 

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario