ELIGIENDO UN EXTREMO DE EUROPA: CABO DA ROCA

 En estos momentos, todavía pandémicos, al pensar en viajar podemos echar el ojo a nuestro vecino Portugal. Y un lugar perfecto para visitar, si ya has estado en Lisboa o como complemento a la visita a la capital de Portugal, como hicimos nosotros, es subir por la costa visitando Estoril con su famoso Casino cara al mar, Cascáis con su Boca da Inferno, la Playa de Guincho con sus surfistas y llegar hasta el Cabo da Roca, con su típico faro.

Hacia el faro del Cabo da Roca

Este lugar está a unos 40 km. de Lisboa y es un buen complemento a a la visita a la capital de Portugal.

El paisaje que se quedó en mi retina: El Cabo da Roca

Enormes acantilados sobre el Océano Atlántico y un clásico faro pintado de rojo y blanco en lo alto es lo que te encuentras cuando llegas al punto más occidental del continente europeo, tal y como muestra una placa colocada en un monolito, coronado por una cruz, con la leyenda del poeta portugués Camoens :»Aquí es donde la tierra acaba y el mar comienza».

Faro del Cabo da Roca

Después de varios días en Lisboa, ciudad que nos gustó mucho más de lo que pensábamos, cogimos carretera hacia el Océano Atlántico, haciendo una primera parada en Estoril.

Villas aristocráticas en Cascáis

Estoril está cara al mar, incluyendo su famoso Casino, y al llegar te encuentras una ciudad noble con enormes casonas mirando hacia una amplia playa. Este lugar fue famoso por haber sido destino de reyes exiliados y de espías durante la Segunda Guerra Mundial.

Ese pasado sofisticado le da a Estoril un aire refinado, sobre todo gracias a su Casino que es el más grande de la península ibérica.

Desde Estoril a Cascáis hay tres kilómetros que se pueden hacer dando un agradable paseo junto al mar por el Paseo Marítimo que une las dos ciudades de la llamada «Riviera portuguesa»

Pero, aún más que Estoril, a mí me gustó Cascáis, la siguiente ciudad que te encuentras. Villas aristocráticas, hoteles de lujo, y una impresionante fortaleza, todo aquí te hace intuir un pasado donde venía a pasar el verano la alta burguesía portuguesa.

Aunque antiguamente era un puerto pesquero, hoy en día es una ciudad cosmopolita y sofisticada, de la que no te puedes perder la  Fortaleza de Nossa Senhora da Luz, una antigua fortificación para defenderse de los ataques por mar de los españoles, ni el Casco Antiguo con sus adoquines blancos y negros imitando a las olas.

Pero donde te encontraras a la mayoría de turistas es observando cómo ruge la naturaleza en la Boca do Inferno, una maravilla natural que se encuentra a unos dos kilómetros de Cascáis, en los acantilados que hay entre la playa de Cascáis y la playa de Guincho.

La Boca do Inferno es un abismo que recoge el agua del mar y la expulsa chocando contra las paredes como si un gigante soplara y produciendo un sonido infernal.

Detalle de la Boca del infierno en Cascáis
Acantilados en los que se encuentra la Boca del Infierno

Desde luego, cuando mejor se puede apreciar este fenómeno es en los días en que hay temporal, cuando el mar ruge con fuerza, pero aunque no sea así es agradable hacer aquí una parada y disfrutar, desde el mirador, de las bonitas vistas de los acantilados.

Desde Cascáis y, siguiendo hacia el norte, se encuentran las salvajes playas barridas por el viento perfecto para hacer surf, como la Praia do Guincho, donde descansamos un rato viendo a los surfistas pelearse con las olas.

Por cierto, las playas buenas para hacer surf son de las que más me gustan, ya que suelen ser más salvajes y por eso mismo estar menos concurridas. En cuanto veo que una playa es la preferida por los amantes del surf procuro no perdérmela.

Hemos observado a los surfistas en Santander, en  Mundaka cerca de Bilbao , en la Playa de los Locos del pueblo cántabro de Suances, y en esta bonita playa de Guincho, tan cerca de Lisboa.

Monolito mostrando que estamos en el lugar más occidental de Europa

Después de estar un rato a pie de mar con el relajante sonido de las olas, seguimos camino para llegar al punto más occidental de Europa, el lugar donde más cerca estaremos del continente americano, donde según el famoso poeta portugués Camoens se acaba la tierra y empieza el mar, el Cabo da Roca.

Y por si tienes curiosidad, y para que no te acuestes  sin saber una cosa más, te diré que los extremos de Europa son:

El punto más al norte: cabo Nordkinn, Noruega.

El punto más al sur: punta de Tarifa, España.

El punto más al este: punto más al este de la República de Komi, Rusia.

El punto más al oeste: Cabo da Roca, Portugal.

Y justo aquí estábamos, en el punto más al oeste del continente europeo, en una colina, con el faro en lo alto y un enorme océano frente a nosotros.

Paseamos por los alrededores y nos asomamos al borde del abismo para ver el espectáculo del océano chocando contra los acantilados. El ruido de las olas y el del viento, que no dejaba de soplar, nos dejó exhaustos y buscando un lugar tranquilo para comer y descansar lo encontramos bien cerca de aquí.

Acantilados del Cabo da Roca

A pocos kilómetros volviendo hacia Lisboa vimos el restaurante Moinho Dom Quixote. Con un típico molino a la entrada y unas terracitas colocadas unas sobre otras, sombreadas con pinos del lugar y todas mirando al mar desde lo alto, éste fue el lugar perfecto para despedirnos tranquilamente de esta excursión de hoy.

Restaurante O Moinho Dom Quixote

No me acuerdo de lo que comimos, pero sí que recuerdo la sensación de tranquilidad y el bonito paisaje que se veía desde el lugar donde estaba ubicada nuestra mesa.

Y además de ideal para comer, debe ser un lugar perfecto para ver una puesta de sol. Algo que nos queda pendiente y así ya tenemos un motivo para volver, porque os aseguro que si volviera por esta zona lo que seguro que haría es volver a este restaurante.

En fin, que éste fue el perfecto colofón a un viaje delicioso por una diminuta parte de nuestro país vecino, al que a veces miramos menos de lo que deberíamos.

Y tú. ¿Qué conoces de Portugal?

Un comentario en “ELIGIENDO UN EXTREMO DE EUROPA: CABO DA ROCA

Deja un comentario