ELIGIENDO POR UN PROGRAMA DE RADIO: EL PAÍS CÁTARO

No suelo padecer insomnio, pero si algún sábado por la noche, después de venir de cenar con amigos y habiéndome tomado un café, o más de uno lo más seguro, tengo los ojos como platos y no me apetece contar ovejitas, me gusta ponerme la radio, un auricular en la oreja y escuchar “Tercer Milenio”.

Sí, sé que puede sonar un poco friki el que me guste escuchar historias de ovnis, casas encantadas y  hospitales abandonados, pero me entretiene, quizá excepto cuando ponen psicofonias y yo estoy ahí a oscuras oyendo en mi oído una voz de niño que, dicen ellos, está llamando a su mamá. En ese momento puede que hasta apague la radio, o me conforme con oír  un programa de deportes.

Pero una de esas noches, cuando me puse el auricular, estaban contando una historia sobre los cátaros, sobre la “enigmática historia de los cátaros” , así que cuando se nos dio la oportunidad de tener unos días para viajar y ver dónde podíamos ir en coche, ya que no había sido un viaje preparado con tanta antelación para poder coger billetes de avión a buen precio, decidí que podríamos visitar el País Cátaro, y me puse a prepararlo.

Nos iríamos unos días a ver los castillos donde habían vivido los enigmáticos cátaros, “les bons hommes”, los hombres buenos, como se les llamaba. Se consideraban los verdaderos discípulos de los Apóstoles, practicaban como ellos la pobreza absoluta y trabajaban con sus manos para vivir. Si te gusta un poquito la historia y tienes curiosidad investiga sobre los cátaros, seguro que te parecerá interesante.

El paisaje que se quedó en mi retina: Los castillos de Lastours

Lo más facil sería decir que el paisaje que se quedó en mi retina fue la imagen de Carcasonne, y sí, es verdad, en esa ciudad te puedes imaginar a los jinetes volviendo de la guerra y entrando en la ciudad amurallada mientras detrás de ellos levantan el puente levadizo para que no entren los enemigos pero, a pesar de que es realmente bonita, está demasiado enfocada al turismo para mi gusto.

Castillo
Murallas de Carcasonne

Mejor me quedo con los lugares donde decidieron edificar sus castillos los Cátaros, todos en lo más alto de las montañas, con una visibilidad espectacular mires por donde mires, pero de todos ellos me quedo con los de Lastours.

No sé si fue porque fueron los primeros que vimos, porque no había casi gente, porque hacia una temperatura ideal, un día soleado pero no caluroso, o porque la subida a los castillos fue el primer esfuerzo al que sometía a mi rodilla después de cuatro meses de inactividad forzosa, ¡y lo conseguí! Supongo que fue la suma de todo pero, de los castillos que vimos: Queribus, Peyrepertuse y Lastours, éstos últimos  fueron los que más se quedaron en mi retina.

Castillos de Lastours

Al pueblo de Lastours llegas por tranquilas carreteras. El pueblo, a primera hora de la mañana está tranquilo, con algún gato paseando por las calles, parece que vas a oír a “Bella” cantando “Ya llega el panadero” (¡sí, me gustan las pelis de Disney!)

Placita del pueblo de Lastours

Todo es tranquilidad a tu alrededor y pasando el pueblo está el Centro de Visitantes de Lastours donde se paga la entrada y desde donde empieza el empinado camino a los Castillos.

Subiendo a Lastours
El esfuerzo merece la pena
Pasando de un Castillo a otro en Lastours

Los castillos de Lastours son cuatro: Cabaret, Tour Regine, Surdespine  y Quertinheux, nombrándolos de norte a sur.

En el centro de visitantes nos explicaron que la idea de los cátaros, en el siglo XIII, era levantar una gran fortaleza defensiva, pero que debido al lugar tan escarpado, al final tuvieron que construir cuatro castillos aprovechando las rocas de la montaña como cimientos.

Las vistas desde los castillos son espectaculares.

En el interior de unos de los Castillos

 

 

Cuando ya nos cansamos de recorrerlos, admirar las vistas y hacer fotografías bajamos al pueblo y allí, en una terracita al lado de un río, comimos y descansamos merecidamente.

Descansando después de la subida a Lastours

No puedo dejar de hablar del alojamiento de las dos primeras noches de este viaje.

Era la primera vez que no íbamos a dormir en un hotel, sino en una casa particular que aceptaban huéspedes. Sólo lo habíamos hecho cuando habíamos estado en Aberdeen, en un típico “bed and breakfast”, pero nunca fuera de Inglaterra.

En este viaje nos alojamos en “Les chambres des dames”, en un pueblo llamado Rieux-Minervois. La habitación no estaba mal pero lo realmente espectacular fue el desayuno, en un patio interior con hiedra subiendo por las paredes, un gato ronroneando a nuestro lado, unas mermeladas caseras  de distintos sabores en cestitas con sus lacitos a cuadros  y oliendo a bizcocho recién hecho. ¡Un auténtico espectáculo para los sentidos!

Auténtico desayuno francés en “Les Chambres des Dames”

Cuando en casa  hablamos de desayunos , y lo hacemos a menudo porque soy una forofa del buen desayuno, siempre sale a relucir éste que nos tomamos en un pueblo francés, en una casa con un nombre tan evocador como “Les chambres des dames”.

En este viaje también visitamos Toulouse, e hicimos un mini-crucero por el “Canal du Midi”, una forma original y tranquila de ver unos preciosos parajes. También fuimos a Minèrve, un pueblo esculpido en la roca, en medio de valles llenos de vegetación, viñedos y olivos, que se ha ganado merecidamente el ser considerado “uno de los más bellos pueblos de Francia”,

Pero estad tranquilos y seguid atentos porque todo ésto os lo contaré próximamente. Au revoir!!!

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