Santuario de la virgen de las fuentes en Peñarroya

ELIGIENDO POR UN LUGAR SINGULAR: EL MATARRAÑA

Esta vez lo que buscaba, más que un destino, era un hotel singular, algo que se saliera de lo habitual donde pasar unos días de relax en contacto únicamente con la naturaleza.

No me importaba mucho el lugar donde estuviera y me puse a buscar, y como el que busca encuentra pues encontré el Hotel Consolación. Unos “Kubos” decorados en estilo moderno, escondidos entre el paisaje, mimetizados con la naturaleza y con las zonas comunes en una antigua ermita restaurada. ¡No pintaba nada mal!

Zonas comunes del Hotel Consolación, en Monroyo

Como dice su presentación en su página web: “El nuestro no es un hotel con encanto aunque lo tiene y mucho. Tampoco es un hotel rural al uso aunque es innegable que está ubicado en plena naturaleza. Es un hotel de lujo, quizá sí, pero con lujos poco convencionales. Definitivamente es un hotel singular ubicado en uno de los parajes más bellos y desconocidos de España, el Matarraña.” ¡¡¡Vaya, justo lo que buscaba!!!

Entrada al Hotel Consolación

Y hacia allá nos fuimos, cabalgando entre dos meses estivales, para pasar allí los últimos días de un mes y los primeros del siguiente.
Y os preguntaréis, ¿pero hacia dónde ibais?. Pues hacia una zona todavía muy rural, todavía muy auténtica, todavía muy aislada, una zona donde se juntan tres provincias, Castellón, Teruel y Tarragona. Hacia la comarca del Matarraña.

El paisaje que se quedó en mi retina: El silencio y la noche

En cuanto llegas al hotel y aparcas el coche ya te parece que estás a años luz de las prisas y el ruido de la ciudad. ¡Ojalá pudiéramos empaparnos de ese carácter tranquilo y sin prisas que te inunda cuando entras a una recepción totalmente minimalista y cuando te acompañan a tu “kubo” arrastrando las maletas por caminos de tierra que te van adentrando en esta bonita sierra!

Entrada a nuestro “Kubo”

Y ya dentro del “Kubo” parece que estás metida entre los árboles al tener una pared toda de cristal. Y al salir a la terraza no ves nada ni a nadie, todo lo que abarca tu vista son árboles y montañas y más montañas.
Por la noche el camino a los “kubos” está mínimamente iluminado para no molestar a la preciosidad de firmamento que se ve desde allí, por eso te dejan una linterna en la habitación. ¡Cuánto tiempo hacía que no veía tantas estrellas!, y además, por la época del año que era, se distinguían hasta 4 planetas. ¡Y con una temperatura ideal!

Despertarte contemplando este paisaje es todo un lujo
Vistas desde nuestro “kubo”

El desayuno, todo con productos de la tierra, se sirve en un antiguo granero. Nos encantó la tarta de queso, ¡bueno, y todos los tipos de quesos!
Por la tarde probamos la piscina , con vistas al infinito y con el agua helada. Solo para valientes. Y frente al hotel, en un risco algo peligroso, hay un sofá con vistas a los “kubos”.

 

Vista de los “kubos” desde el sofá montañero
Comedor del Consolación

Y por todas partes rinconcitos con encanto que te incitan a parar, a sentarte y sencillamente observar, sentir, oler, escuchar…
Ya os digo un lugar extraño, tranquilo, diferente, singular. Exactamente lo que estábamos buscando.

Algunos rincones  te incitan a parar y simplemente sentarte a mirar …
…Otros rincones te invitan a poner en funcionamiento todos los sentidos.

Pero no solo el hotel es precioso y singular, la comarca del Matarraña también lo es. Está formada por 18 pueblos de los cuales el más grande es  Valderrobres, y hacia allí nos dirigimos. Valderrobres está en la lista de los pueblos más bonitos de España y llama la atención que Teruel, que ya sabéis que es una provincia que nos encanta, es de la que más pueblos tiene en esta lista y además ya os he hablado de algunos de ellos, como Albarracín, Cantavieja o Mirambel.

Valderrobles, en la comarca del Matarraña

Después de cruzar su puente tan característico y pasear por sus empinadas calles llegamos hasta el Castillo, en lo más alto del pueblo. Después cogimos carretera y fuimos hasta Beceite que conserva un casco antiguo formado por un entramado de calles medievales al que se accede por cinco portales.

Paseando por Beceite
Beceite

Pero también os podría hablar de La Fresneda, de Calaceite, de Cretas, de Fuentespalda…, todos los pueblos de la comarca del Matarraña tienen calles que nos transportan a otras épocas.

Y como íbamos metiéndonos por caminos que llevaban a lugares que nos llamaban la atención fuimos al Embalse de Pena y al Santuario de la Virgen de la Fuente en Peñarroya de Tastavins. En este lugar me habría llevado embotellado su paisaje junto con los sonidos que allí se oían: el ruido del agua, el canto de los pájaros y el susurro de los chopos mecidos por el viento. Solo pude grabar un vídeo para poderlo recordar de vez en cuando.

Santuario de la Virgen de la Fuente

Y ¡qué decir de la comida!, contundente, sabrosa, simple, sin florituras, y así comimos y cenamos en Monroyo, el pueblo más cercano al hotel. Sabrosísimas las migas con uvas y melón y las chuletas de Posada Guadalupe .Buenísima la recomendación del bocadillo de jamón de la tierra y del morro a la brasa del Bar El Molino. ¡Aún se me hace la boca agua cuando me acuerdo!

Migas en Posada Guadalupe

Pero todo lo bueno llega al final, aunque nos prometimos a nosotros mismos que teníamos que volver en invierno para poder utilizar la chimenea colgante, así que no nos despedimos del todo.

Si, volveremos al Hotel Consolación. Volveremos al Matarraña.

La chimenea que pensamos utilizar cuando volvamos en invierno, porque volveremos…

 

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