ELIGIENDO POR UN DESTINO DE VIÑAS Y OLIVOS : El Priorat

Para elegir el primer viaje que íbamos a hacer en este año pandémico de 2021 barajamos varias opciones. Iba a ser un viaje de un fin de semana largo, por lo que no queríamos perder mucho tiempo haciendo kilómetros y además queríamos poder volver a nuestra casa con rapidez si el tema de cierres perimetrales se ponía feo.

Al final, de los tres destinos propuestos, elegimos el más cercano a nuestra Comunidad, por si las moscas, y después de descartar El Cañón Del Río Lobos en Soria y la Ruta de los Pueblos Negros en Guadalajara, que nos guardamos para próximas escapadas, una tarde de viernes después de trabajar pusimos rumbo a nuestro destino: la comarca tarraconense del Priorat. Y puedo decir, con conocimiento de causa, que fue un acierto.
Nosotros fuimos desde Valencia bordeando la costa, y una vez pasada la desembocadura del Ebro y antes de llegar a la ciudad de Tarragona, nos desviamos unos 40 Km. hacia el interior, hasta encontrar la Comarca del Priorat.

Allí nos alojamos en un coqueto hotel rural, Cal Torner, en el pequeño pueblo de Els Guiamets, cerca de la capital de la comarca, Falset.

Hotel Rural Cal Torner

Decir lo mucho que ha afectado la pandemia a estos pequeños hoteles familiares es quedarse cortos y vimos, de propia mano, la importancia de fomentar el turismo de interior para paliar la falta de visitantes extranjeros.

Esta comarca se centra en el enoturismo, tan de moda hoy en día, ya que los vinos que aquí se producen son de denominación de origen cualificada (DOQ). Y es que, de las 70 denominaciones de origen de vinos que hay en España, solo dos son cualificadas: La Rioja y El Priorat. Y ahora también se está poniendo de moda las catas de aceite, y recuperando viñas y olivos que estaban abandonados.

Todo esto lo aprendimos el primer día que llegamos por las fantásticas explicaciones que nos dio Antonia, la dueña de la casa rural, que junto con su marido, Jordi, decidieron hace más de diez años, dejar Barcelona para emprender la aventura de abrir una casa rural en El Priorat, Cal Torner.

Cal Torner fue una antigua Casa de Postas, totalmente rehabilitada con mucho gusto

Este pequeño hotel de 7 habitaciones era una antigua Casa de Postas que han rehabilitado Antonia y Jordi. Y lo han hecho con muchísimo gusto, con habitaciones que invitan al descanso total y con un trabajo de forja espectacular que puedes ver en balcones, escaleras e incluso en los nombres de las habitaciones. Precioso.

También nos dijeron qué lugares no nos podíamos perder y nos aconsejaron sobre el estado de las carreteras, sitios donde comer y todo lo que hizo que pudiéramos disfrutar en dos días de toda la comarca.

Y así, después de un fantástico desayuno con embutidos y dulces típicos del lugar, iniciamos la ruta del primer día. Hoy vamos a ir por el interior de la comarca y mañana haremos la ruta bordeando las altas cumbres de la Sierra del Montsant.

La mejor manera de empezar el día con embutidos de la tierra y pan tomaca con aceite del Priorat

Primer día.- Denominación de Origen Priorat

El primer día vamos a recorrer los pueblos donde se cultivan las viñas que dan nombre a los vinos con Denominación de Origen Cualificada Priorat.

El primer lugar en el que paramos fue en La Vilella Baixa, llamada también el Nueva York del Priorat, a causa de que sus casas que dan a un barranco llegan a tener hasta siete pisos de altura. Ese nombre se lo puso un escritor y viajero, Josep María Espinas, por la impresión que le dio al llegar a este pueblo en un viaje que hizo por el Priorat a mitad del s. XX.

Desde luego, la imagen que te da este pequeño pueblo con sus casas sobre el barranco de Escaladei es, como poco, peculiar.

La Vilella Baixa

La siguiente parada fue en la Cartuja de Escaladei. Esta cartuja, actualmente en ruinas y en proceso de recuperación, es el origen de esta comarca. Fue la primera Cartuja que se construyó en España, en el s. XIII, y lo hicieron unos monjes que venían desde la Provenza en Francia.

Dell hecho de haber construido aquí esta Cartuja viene el nombre de la comarca, ya que todas estas tierras pertenecían al Priorato de Escaladei, y además es donde se empezó a plantar las viñas y a producir el vino del Priorat.

Cartuja de Escaladei

El lugar donde se encuentra es espectacular, rodeada de las altas cumbres de la Sierra del Montsant, en un lugar que rezuma paz y tranquilidad, todo lo necesario para que los cartujos que la habitaban vivieran en silencio y soledad, como dicta esta orden contemplativa.

Las cartujas se encuentran todas en lugares singulares, rodeados de naturaleza. En España quedan cuatro: la Cartuja de Miraflores en Burgos, la de Portaceli en Valencia, la de Montealegre en Barcelona y la de Santa María de Benifassar en Castellón.

La Cartuja de Escaladei se puede visitar por libre o con visita guiada, y además de los tres claustros, también se visita la reproducción de una celda para poder entender cómo vivían los cartujos, ya que durante toda la semana viven en soledad dentro de su celda, donde oran , trabajan, comen y duermen, teniendo incluso un ventanuco por el que les sirven la comida, y solo el domingo comen todos juntos en el Refectorio. Es una visita interesante. El precio es de 5€ y de 8€ si es visita guiada.

La cartuja de Escaladei está a los pies de la Sierra del Montsant

Pero además de la visita a la Cartuja, lo que nos gustó también mucho fue la Conrería del Monasterio, un pequeño núcleo de población a un kilómetro de la Cartuja, donde vivían los trabajadores que no eran monjes, y se encargaban de las bodegas, los rebaños y los campos.

La Conrería del Monasterio

Es un lugar encantador, con un herbolario, una bodega, una iglesia y algunos restaurantes, en uno de los cuales comimos en la ruta del día siguiente. Porque hoy queríamos llegar a comer a Siurana, quizá el lugar más curioso y conocido de esta bonita comarca.

Así que seguimos camino por carreteras bordeadas de viñas y olivos centenarios hasta llegar a Cornudella de Montsant y poco después de atravesarlo está el desvío a Siurana. Y empiezas a subir unos diez kilómetros por una carretera empinadísima y llena de curvas, hasta que allí arriba de un peñasco, casi tocando el cielo, al final de la carretera, se encuentra el pueblo de Siurana.

En lo alto de un peñasco se encuentra el pueblo de Siurana

Nada más llegar, no sé si porque era domingo o porque era agosto, o por las dos cosas, te desvían hacia un parking y después de pagar tres euros, emprendes andando el camino hacia el pueblo.

Mientras íbamos llegando vimos justo en lo alto de un peñasco, colgado del barranco, una terraza y pensamos, pues ahí vamos a comer. Y dicho y hecho. El restaurante se llama El Refugio de Siurana, y para acceder a la terraza has de pasar por dentro de la montaña y sales a un lugar muy curioso y con unas vistas de escándalo.

Comer con bonitas vistas

No esperes ninguna comida sofisticada, solo pizzas, hamburguesas y platos de ese tipo, pero la comida es lo de menos. Lo importante es que estás comiendo colgado prácticamente del abismo y con unas vistas a derecha e izquierda para retener mucho tiempo en tu retina.

Lo importante eran las vistas…
El cuidado pueblo de Siurana

En pocos sitios tan especiales  podrás estar, así que cuando ya nos empapamos del paisaje y con el estómago lleno nos fuimos a dar un paseo por el pueblo, que es muy pequeñito pero encantador.

Siurana tiene a sus pies un embalse, lo que hace aún más bonito este pueblo y las vistas que hay desde aquí. También tiene los restos de un castillo árabe ya que Siurana fue el último Reino de Taifas de Cataluña en ser conquistado.

De ahí viene la leyenda del Salto de la Reina Mora, que dicen que se precipitó al vacío con su caballo para no ser hecha prisionera. En el acantilado desde donde  saltó hay un mirador y, según cuenta la leyenda, aún está la huella del caballo que intentó frenar. Y así se llama este lugar, el mirador del Salto de la Reina Mora.

Siurana y su embalse

Para volver hacia nuestro alojamiento nos recomendaron una carretera que pasa por el pueblo de Porrera y donde haríamos todo el camino rodeado de viñas, avisándonos también que era una carretera muy estrecha y con muchas curvas.

Por allí volvimos y es un paisaje que no tiene nada que envidiar a lugares tan emblemáticos como la Toscana. Colinas y más colinas repletas de bancales con viñas súper cuidadas y masías y bodegas en medio de la nada. Un recorrido encantador.

La carretera bordea colinas cubiertas de viñas

Y así acabamos este día, cenando muy a gusto en el casino de Els Guiamets, el lugar de encuentro de los pocos habitantes de este lugar y que era el único establecimiento abierto en el pueblo.

Este fue el recorrido que hicimos el primer  día 

Segundo día.-Denominación de origen Montsant

El recorrido de hoy era un poco más largo, ya que íbamos a recorrer la zona donde se elaboran los vinos con denominación de origen Montsant, mucho más nueva que la del Priorat pero que actualmente está dándose a conocer.

Pero después de lo bien que descansamos en nuestra habitación, de nombre Salomó, y con una terracita  muy cuca, cogimos con ganas el recorrido de hoy.

Terraza de la habitación Salomó de Cal Torner

En nuestro recorrido por la Sierra de Montsant pasamos por pueblos de formas curiosas. Unos agrupados de manera circular alrededor de un montículo, otros alargados siguiendo la forma del peñasco donde se ubican, unos pequeños y otros diminutos, hasta llegar a nuestra primera parada que era la Cueva-Ermita de Santa Llucia en La Bisbal de Falset.

Cueva-Ermita de Santa Llucia en La Bisbal de Falset

Por el tipo de piedras que forman estas montañas, hay muchas cuevas que en su día utilizaron los eremitas para vivir en soledad con el único contacto de la naturaleza, y todavía hay algunas donde viven estos personajes, continuando la tradición espiritual que siempre ha tenido esta Sierra.

Pero nosotros queríamos visitar la de Santa Llucia, y no solo porque en su interior nace una fuente que dicen que cura los males de la vista, sino también por su historia referente a la guerra civil, ya que en 1938  durante la Batalla del Ebro fue habilitada como hospital de campaña de las tropas republicanas y de los ejércitos británico y americano. Todo esto está muy bien documentado en la cueva con unos paneles explicativos, con cartas, recortes de periódico, partes de guerra…que te permiten entender lo que aquí se vivió.

Recorriendo en soledad la Cueva-Hospital de Santa Llucia

Recorrer en soledad este lugar, imaginando todo lo que pasó aquí, es un ejercicio de reflexión. Aquí se juntan las imágenes religiosas con los paneles explicativos de una guerra que, como todas las guerras, dejan una pátina de tristeza en todo lo que tocan. Un contraste curioso.

Y seguimos carretera subiendo ya por la parte superior de la Sierra de Montsant. Esta Sierra es perfecta para hacer recorridos de senderismo de todos los niveles o para hacer escalada, habiendo zonas de escalada libre y otras regulada.

Nosotros vamos parando en originales miradores y admirando formas de la naturaleza tan curiosas como las crestas de la Llena en Ulldemolins.

Miradores del Montsant
Crestas de la LLena en la Sierra de Montsant

Y una vez recreada la vista y con el verde anclado en nuestra retina, paramos a comer en El Rebost de la Cartoixa, un restaurante al que ya le habíamos echado el ojo el día anterior en Escaladei, y donde degustamos un vino del Priorat y acabamos la comida con el  típico postre de mel i mató, como procuramos hacer cada vez que estamos por Cataluña.

Restaurante El Rebost de la Cartoixa en Escaladei

Este es el recorrido que hicimos el segundo día

Era nuestra última noche en Cal Torner y fuimos a cenar a la capital del Priorat, a Falset, donde al día siguiente, y antes de volver a casa, queríamos comprar vino y aceite de estas tierras.

Y así lo hicimos en Priorat Natur, una tienda de delicatessen de productos de esta comarca y donde nos explicaron las diferencias de los distintos aceites, llevándonos uno de aceitunas arbequinas, y nos ayudaron a elegir qué vino llevarnos, quedando la elección en uno de nombre tan inspirador como Viatge al Priorat, procedente de viñas de Porrera.

Para volver a casa lo hicimos siguiendo el cauce del río Ebro, por la comarca de Terras d´Ebre, porque queríamos visitar el pueblo de Miravet y su castillo Templario. Pero eso ya es otra historia que pronto os contaré.

 

 

 

 

 

 

 

 

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