ELIGIENDO POR GAUDÍ: COMILLAS Y SUANCES

Como ya he comentado en otros artículos, el verano del 2020, en plena pandemia, elegimos viajar hacia el norte. Pero, después de tener que renunciar a viajar al País Vasco, al aumentar en esa comunidad los casos de coronavirus, por un giro del destino acabamos en el interior de Cantabria, en un hotelito rural situado en un pueblo llamado Entrambasaguas y perteneciente a la Hermandad de Campoo de Suso, muy cerca del nacimiento del río Ebro.

Además de recorrer los alrededores de este verde y lluvioso lugar, rodeado de montañas, también quisimos ir un día a Santander, y otro día a recorrer la costa cántabra, y justo lo que hicimos ese día es la ruta que os voy a explicar hoy.

El Capricho de Gaudí en Comillas

Pues bueno, además de ver mar y acantilados nos apetecía mucho conocer Comillas y averiguar cómo un arquitecto catalán como Gaudí, llegó a proyectar un edificio tan singular como El Capricho, en un pueblo como Comillas.

Así que, con las entradas compradas online para una visita guiada, con el aforo limitado y todas las precauciones pandémicas obligatorias este verano del 2020, pusimos rumbo a la costa.

Las entradas para El Capricho las teníamos por la tarde por lo que el día lo empezamos parando en Santillana del Mar, un pueblo que habíamos visitado hace muuuuuchos años.

No puedo decir que Santillana del Mar no sea un pueblo muy bonito y muy bien conservado, pero me pasó lo mismo que en Aínsa, un pueblo del Pirineo oscense al que volvimos no hace mucho en un viaje que hicimos a Alquezar y la Sierra de Guara, y que lo encontré, a mi parecer, excesivamente turístico, sin vida, como un decorado de una película.

Pues mi impresión sobre Santillana del Mar fue la misma. Todos los bajos son bares o tiendas de recuerdos y solo te cruzas con turistas como nosotros, que van de un lado a otro, aparcan, dan una vuelta y se van, como hicimos nosotros. Prescindible. Cantabria tiene un montón de lugares mucho más auténticos y tan o más bonitos que este pueblo-decorado.

Catedral de Santillana del Mar

Aquí, a las afueras de Santillana del Mar, también intentamos ver la réplica de las Cuevas de Altamira, ya que como seguramente sabréis, ya hace muchos años que no se pueden visitar las cuevas auténticas, que por cierto fue el primer lugar en todo el mundo en el que se descubrió arte rupestre del Paleolítico.

Cuando decidieron cerrar las cuevas para evitar su deterioro, habilitaron la Neocueva del Museo de Altamira, justo al lado. Pero, entre que el aforo era reducido, había una larga cola y no habíamos comprado las entradas con antelación, decidimos no parar aquí y seguir camino hacia Suances, nuestro primer contacto de hoy con el Cantábrico.

Pero por si tú te quieres organizar para ver la Neocueva, has de saber que la entrada cuesta 3€, que es gratis para menores de 18 años y que es gratuita desde el sábado a las 14h. y todo el domingo. Aquí tienes toda la información.

Desde aquí ya fuimos directos a Suances, al que yo quería conocer por haber leído las novelas de María Oruña, Puerto Escondido, Un lugar adonde ir y Donde fuimos invencibles, que suceden justo en Suances y que ya os expliqué en la reseña de Libros Viajeros: A orillas del Cantábrico.

Ruta por los lugares del libro Puerto Escondido de María Oruña

Y este lugar sí que no me defraudó. Paseamos por la Playa de los Locos, con sus surfistas, nos tomamos un café junto a la Estatua de los Vientos y dimos un paseo por una especie de península, con el mar a los dos lados, hasta la Punta del Dichoso.

Estatua de los Vientos

Suances tiene varias playas, familiares, tranquilas, de arena blanca y perfectas para ir con niños, pero la más salvaje y la que más nos gustó fue la playa de los Locos, que da a mar abierto y es perfecta para surfear.

Playa de los Locos

Me llamó la atención el porqué se llamaba así esta playa, a la que hay que bajar unas largas escaleras para llegar, y como todo tiene su explicación encontré ésta: dicen que antiguamente había un psiquiátrico donde hoy se encuentra el Hotel El Castillo y esta playa era utilizada por los internos para pasear, por lo que la gente le puso este nombre.

Lugares por donde paseamos en Suances

Justo en este hotel paramos a tomarnos un café, descansar del paseo y disfrutar de las preciosas vistas. Después seguimos paseando hacia uno de los nueve faros que tiene la costa cántabra, y que en este caso tiene un nombre bastante curioso, el Faro del la Punta del Torco de Afuera.

Te puedes imaginar que los faros suelen estar en lugares con unas vistas privilegiadas y así pasa con éste, como también nos encantaron las vistas que descubrimos en el bonito paseo hasta el Faro de Cabo Mayor en Santander.

Desde el faro seguimos caminando hasta alcanzar la Roca Blanca, situada en la Punta del Dichoso, en el extremo de una especie de península donde se encuentra situado este pueblo costero.

A la Roca Blanca  se llega muy fácilmente y te deja panorámicas perfectas para que se queden en tu retina.

Paisajes de Suances que se quedan en tu retina

Después de estar un buen rato admirando el paisaje y haciendo fotos, seguimos camino hacia Comillas, pero decidimos parar en los acantilados de Toñanes.

Cualquier lugar de esta costa tiene unos acantilados espectaculares, pero éstos en concreto, con el verde de los campos y el azul del mar, nos pareció un paraje precioso.

Acantilados de Toñanes

Desde allí mirando hacia el interior impresiona el verde de los campos, y puedes observar, allá a lo lejos, el pueblo de Cobreces, en cuya playa de Luaña paramos a comer, en un chiringuito a la orilla del mar.

Allá a lo lejos se vislumbra el pueblo de Cobreces

Se iba haciendo la hora de ir hacia Comillas, y hacia allí fuimos. Aparcamos a la entrada de la población y nos dio tiempo a pasear un poco antes de ir a la visita guiada de El Capricho.
Comillas es una villa marinera que se caracteriza por sus casas de indianos que es como se conocía a los asturianos y a los cántabros que, a finales del s. XIX y principios del s.XX, emigraron a América y posteriormente volvieron a sus pueblos habiendo hecho fortuna, y se hicieron construir casonas que les recordaban a las que tenían en el Nuevo Mundo.

Suelen ser casas con monumentales fachadas, capillas privadas, verjas ornamentadas y jardines exuberantes donde no podían faltar las palmeras, para que nadie olvidase dónde habían labrado su fortuna.

Casa de indiano en Comillas

Y eso es lo que hizo Don Máximo Díaz de Quijano, un abogado que hizo fortuna en Cuba y que cuando regresó le encargo la construcción de su palacete, Casa Quijano, más conocida por El Capricho, a un principiante arquitecto catalán llamado Antonio Gaudí.

¿Por qué los balcones miran hacia dentro?

Aquí si que te digo que te compres la entrada con visita guiada, porque, como en todas las construcciones de Gaudí, hay un montón de detalles y curiosidades cuya explicación no querrás perderte.

El horario para visitar El Capricho es de 1030´h. a 19h. y si entras en su página web podrás saber las entradas que quedan de visitas guiadas en cada tramo horario. El precio de la entrada es de 10€.

Y es que, cuando visites esta joya escondida de Gaudí, te preguntarás porqué los balcones tienen unos bancos de madera que miran hacia dentro en lugar de hacia afuera, querrás saber como se consigue que las ventanas de guillotina hagan diversos sonidos al abrirlas y cerrarlas, o porqué toda la fachada está repleta de mosaicos que representan girasoles y golondrinas.

Pues todo eso y mucho más te explicarán de una forma muy amena cuando hagas esta visita. A nosotros nos gustó mucho.

Ventanas que hacen música y girasoles que rodean la fachada…

Al final de la visita te dejan a tu aire para que des una vuelta por el invernadero, repleto de plantas, por la parte superior de la casa y por los jardines. Un recorrido muy completo y agradable.

Después de admirar la Casa Batlló y otras obras de Gaudí en Barcelona, nos gustó conocer su joya escondida en este pueblo costero de Cantabria.

El paisaje que se quedó en mi retina: El Palacio de Sobrellano.

Pero, curiosamente, y a pesar de que nos encantó la visita al Capricho de Gaudí, lo que más me impresionó de Comillas, fue el edificio que estaba justo al lado de éste. Se trata del Palacio de Sobrellano, donde vivían los Marqueses de Comillas, que eran, justamente, los suegros del dueño del palacete creado por Gaudí.

Este Palacio parece sacado de una película de miedo. Es enorme, tiene un aire misterioso, es de estilo gótico inglés, que le pega muy poco al estilo de edificaciones que se ven por estas tierras y también recuerda un poco a los palacios venecianos.

¡Parece que de un momento a otro va a aparecer un mayordomo con un candelabro invitándote a penetrar en su interior!

Palacio de Sobrellano en Comillas

Junto a él se encuentra la Capilla- Panteón, que parece una catedral en miniatura, donde están enterrados los marqueses de Comillas, dueños de este gran palacio. Los panteones que hay en su interior fueron realizados por escultores catalanes modernistas y el mobiliario fue diseñado por el propio Gaudí.

No sé como definir el conjunto en general, pero da la sensación de que todos estos edificios están fuera de lugar, y que no tienen nada que ver con los habitantes de un pueblo de pescadores como era Comillas a finales del s. XIX cuando se construyó. Lo cierto es, que te guste o no, impresiona y no te deja indiferente cuando lo miras.

Si te animas a penetrar en su interior, la visita es guiada, cuesta 3€ y dura unos 45minutos.

Palacio de Sobrellano y Capilla-Panteón

Desde aquí mismo hay un mirador con unas buenas vistas a otro edificio que también caracteriza a Comillas: La Universidad Pontificia.

Esta edificación, también financiada por el Marques de Comillas justo después de hacer el Palacio de Sobrellano, es de estilo gótico-mudéjar y fue destinada a Seminario de Pobres y dirigida por los Jesuitas y más tarde ya convertida en Universidad Pontificia.

Universidad Pontifica de Comillas vista desde el mirador del Palacio de Sobrellano

Y ya como remate a esta visita por Comillas, donde Gaudí dejó bastantes ejemplos de su particular manera de ver las cosas, nos encontramos con esta puerta, llamada la Puerta de los Pájaros, también diseñada por Gaudí.

Puerta de los Pájaros

Esta puerta es la entrada a una residencia particular llamada la Casa del Moro, y es una copia de una puerta que ya realizó Gaudí para un chalet en la parte de la zona alta de Barcelona y que no se finalizó porque el propietario se arruinó antes de finalizar la obra. Mas tarde se replicó en esta casa de Comillas.

La puerta tiene tres entradas, una para coches, otra para peatones y una tercera redonda para los pájaros, de ahí su nombre. Son curiosidades que encuentras y aprendes viajando.

De momento, y bastante cansados, acabábamos el día en el que habíamos recorrido una parte de la costa cántabra, pero, de vuelta a nuestro hotel situado en el interior de la provincia, aún paramos para intentar pasear un poco por un bosque muy curioso de ver por estas tierras, el bosque de secuoyas de Cabezón de la Sal.

Nuestra idea era pasear un rato por este bosque tan particular pero, como nos costó bastante aparcar, las secuoyas quedaban un poco lejos de donde aparcamos y estábamos bastante cansados, solo hicimos un pequeño recorrido. Pero organízatelo para poder parar un momento y disfrutar de un paseo bajo estos gigantescos árboles, que yo creía que solo crecían en la Costa Oeste de Estados Unidos.

Bosque de Secuoyas en Cabezón de la Sal

Y así acabó otro día del viaje del verano de 2020. Si quieres visitar más lugares de Cantabria seguro que te encantarán los idílicos pueblos del Valle del Nansa o las peculiares Ermitas Rupestres de Valderredible.
Y es que Cantabria tiene paisajes para todos los gustos. A mí me gusta TODO de Cantabria.

 

 

 

 

 

 

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