ELIGIENDO POR EL ERASMUS DE MI HIJA: BOLONIA

Esta vez no elegí yo. Este destino estaba cantado cuando a mi hija le concedieron cursar un año de psicología en Italia, concretamente en Bolonia, su primera elección.

Nunca había estado en Italia, exceptuando unas horas en Venecia en una escala de un crucero, y tenía una idea diferente de las ciudades italianas, que me cambió cuando llegué a Bolonia.

Me encontré una ciudad universitaria, con gente joven por las calles y restaurantes y heladerías para todos los gustos. ¡Qué bien se come en Italia! pero, sobretodo ¡qué bueno está el cafe en Italia! Yo, que soy muy “cafetera”, después de todos los viajes que hice a Italia durante este año de Erasmus  de mi hija, me acostumbré a su “espresso”, 3  dedos de cafe cremoso servido en  taza pequeña y que para tomarlo como los italianos debe ser sin azúcar, como a mí me gusta, su “cappuccino” que generalmente toman para desayunar (si lo pides por la tarde saben enseguida que eres un turista ) y que lleva café, leche y espuma de leche (nunca nata montada), y se sirve en taza grande y ancha, el “risttreto”, más corto aún que el espresso, o, si un espresso te parece poco pues te pides un “caffê doppio” que son dos espressos juntos. También puedes pedir un “macchiato”, que es un café con un poco de leche, o un “latte macchiato”,que es leche con un poco de cafe. ¡Vamos!, que hay cafés para todos los gustos.

Pues después de haber probado los cafés italianos estuve buscando por Valencia algún sitio donde lo hicieran parecido. No lo encontré, pero puedo haceros un recorrido por las cafeterías valencianas. Algún día lo haré…

El paisaje que guardé en mi retina: Las calles porticadas

Pero lo que más me gustó de Bolonia fueron sus calles porticadas. En Bolonia hay 40 km. de pórticos. No los recorrimos todos pero eso te permite el ir de un sitio a otro resguardandote del calor, de la lluvia o de la nieve, porque es cierto que en Bolonia hace mucho calor en verano y mucho frío en invierno, pudiendo hasta nevar.

Esta es una foto de Bolonia desde el piso donde estaba mi hija. Una buena nevada ¿verdad? Ese invierno cayeron unas cuantas.

Aunque la historia cuenta que las calles no se porticaron por eso, sino que fue  en la Edad Media para ampliar las casas debido al aumento de la población por la llegada  de intelectuales y de estudiantes que venían a la Universidad de Bolonia. Esa ampliación se sujetaba con pórticos sobre las aceras, que primero fueron de madera y más adelante fueron de piedra. Sea por lo que sea Bolonia es la ciudad con más kilómetros de pórticos del mundo.

Y el más bonito de todos es el del “Archiginnasio”, la primera sede de la Universidad Bolonia, al lado de Piazza Maggiore, con  todos los techos pintados y el suelo de mármol.

 

Calle porticada en Bolonia

También, y más que un paisaje, lo que se me quedó de mis varios viajes a Bolonia fue la comida. Por eso es conocida como Bolonia “la grossa”, es decir “la gorda”.

Ya os he hablado del café. Os podría hablar de  “i gelati”, sobretodo de “pistaccio” y de “fragola” , cremosos  y  buenísimos, de la pasta y de la pizza. Aquí está tan buena la masa que la pizza más deliciosa es lamargarita (tomate, orégano y queso).

Pero  lo que sí se quedó en mi retina y en mi paladar fué “l’aperitivo”. Me encantó esa costumbre de salir sobre las siete de la tarde a tomar “l’aperitivo”, una cena temprana de la que solo se paga la bebida.

Los restaurantes ponen a la vista la comida que te puedes servir , trocitos de pizza, fiambre, ensaladas,etc… Tu te pides una bebida, lo típico es el spritz que es un cóctel un poco amargo y con poco alcohol, y coges la comida que quieras. No os podeis imaginar lo animadas que se ponen las calles a esa hora y lo atractivos que estan todos los restaurantes con su selección de “aperitivi”. ¡Delicioso…y barato!

Pero la vida de Bolonia está alrededor de Piazza Maggiore, y sobretodo el lugar de reunión es la estatua de Nettuno, uno de los símbolos de la ciudad.

 

Piazza Maggiore con la estatua de Nettuno
Estatua de Nettuno

 

Piazza Maggiore es un espacio amplio, abierto y rodeado por dos de los edificios más representativos de la ciudad: el Palazzo d´Acursio, actual Ayuntamiento, al cual debeis entrar a su patio de armas y subir por su escalinata, que lleva al museo donde se exponen las Colecciones Municipales de Arte, y la Basílica de San Petronio, donde, como en muchas iglesias italianas, no puedes entrar con tirantes y debes echarte un pañuelo por los hombros. En esta Basílica está, segun dicen, el reloj de sol más grande del mundo. Es realmente original.

Piazza Maggiore con el Ayuntamiento al fondo

Otro de los símbolos de la ciudad son las torres. Actualmente quedan unas veinte, pero en la Edad Media llegaron a haber más de cien, y es que los señores de Bolonia, para demostrar su riqueza  levantaban una torre, siempre más alta que la de su vecino.  Las dos más altas de las que quedan hoy en día son la Torre Asinelli y la Torre Garisenda.

Después de subir los 500 escalones de la Torre Asinelli

Si no te crees lo que te cuento  tendrás que  subir los casi 500 escalones de la Torre Asinelli y observar la ciudad desde lo más alto para comprobar la cantidad de torres que aún quedan. Igual que hicimos nosotros .

Vistas de Bolonia desde la Torre Asinelli

 

 

Aprovechando la situación geográfica de Bolonia, mucha gente utiliza su aeropuerto como lugar de paso a otras ciudades italianas. La verdad es que Italia tiene unos trenes de alta velocidad que la recorren de Norte a Sur, de Nápoles a Milán, parando en Roma, Florencia, Bolonia, y Venecia  y con un precio muy asequible, por lo que desde Bolonia puedes ir a cualquiera de esas ciudades con el Frecciarossa (el AVE italiano).

Pero, sin ir tan lejos, alrededor de Bolonia hay ciudades encantadoras como Ferrara o Módena que bien merecen una visita.

Ferrara es una ciudad señorial, Patrimonio de la Humanidad. Lo más impresionante es el Castillo de los D´Este, que eran los señores de Ferrara durante la Edad Media y que construyeron su castillo, una mole inmensa, en el centro de la ciudad y rodeado de un foso enorme.

Castillo de los D´Este en Ferrara

 

Resumiendo. De mi primer viaje a Italia puedo decir que Italia enamora, el idioma enamora, la comida enamora. ¡Fijaos que hasta las calles tienen nombre de helado!

Como recomendación me dice mi hija que tomeis “l’aperitivo” en Lab 16, la pasta en Osteria dell´Orsa o en Spacca Napoli, la pizza al taglio en Due Torri y los helados donde queráis, porque en todas partes están buenísimos. Hacedle caso, ¡nadie conoce mejor los sitios donde se come bien y a buen precio que un estudiante de Erasmus!

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