ELIGIENDO CON EL CORAZÓN: VIAJE AL INTERIOR DE SERBIA

Hay viajes que se eligen porque alguien te ha hablado de ese lugar, otras veces porque lo has visto en una película o leído en un libro y decides que quieres verlo con tus propios ojos. En otras ocasiones son lugares a los que has soñado ir desde niña, o quizá simplemente porque se ha puesto a tiro. En esta ocasión ha sido diferente. Vamos a conocer el país de nuestra familia serbia.

Desde hace más de 10 años, exactamente desde que nuestra hija se enamoró de un serbio y él de ella, estamos oyendo hablar de Serbia. Pero no ha sido hasta ahora cuando hemos podido pisar y conocer de verdad todo eso de lo que tantas veces hemos oído hablar con tantísimo orgullo y cariño. Y, por fin, ponemos rumbo a Serbia, donde vamos a pasar el final de un año y el principio de otro.

Rumbo a Serbia

Serbia no es un país muy conocido en España y se piensa poco en ella como destino turístico y eso, junto con el hecho de haberla visitado con  gente de allí, ha conseguido que  este viaje fuera diferente.

Hicimos turismo  visitando  Belgrado y un poco de Bosnia, pero además, y ésto fue lo que lo hizo especial, pudimos vivir el día a día de las gentes del lugar, algo difícil de conseguir cuando visitas un país como turista.

Hemos estado en una época de mucho frío, y más aún para nosotros que estamos acostumbrados a los cálidos inviernos de Valencia, pero hemos sido acogidos con tanto cariño que teníamos los pies fríos pero el corazón caliente.

Vamos a estar en el interior de Serbia, en un lugar llamado Belajevac, que pertenece al pueblo de Stitar, cerca de la ciudad de Sabac , en la región de Macva. Una zona muy poco turística y por la que pocos españoles deben haber pasado.

Nuestro destino, Belajevac, a vista de dron.

Nuestro primer contacto  con Serbia ha sido a través de su comida, pues es lo primero que hicimos después de pasar los múltiples controles del aeropuerto de Belgrado, ya que estábamos entrando en un país que no está en la Comunidad Europea.

Desde el aeropuerto de Nikola Tesla, donde nos recogieron,  fuimos por la única autopista de Serbia hasta el lugar donde íbamos a comer. Una vez dejamos la autopista y cogemos la carretera vamos siempre rodeados por fértiles tierras, en este momento blancas por la nieve caída los días anteriores, y por frutales de todo tipo: manzanos, perales, cerezos, etc… De hecho en los bordes de la carretera hay multitud de puestos ambulantes, ahora vacíos, pero que en temporada venden todo tipo de frutas.

Por el camino, allá a lo lejos, vemos la montaña de Fruska Gora, llamada  la «montaña sagrada» porque en ella se construyeron, hace ya varios siglos, 35 monasterios ortodoxos de los que todavía sobreviven 17.

Estas tierras son muy buenas para el cultivo de la vid por lo que paramos a comer en una bodega con restaurante , Vinska Kuca Kovacevic, totalmente recomendable.  Y aquí es donde tenemos el primer contacto con la sabrosísima cocina Serbia. Kajmak, proja, kupus, palacinke, ajvar…  son palabras que conoceremos de ahora en adelante y que van a ir aumentando nuestro escasísimo vocabulario serbio.

Los platos típicos serbios son coloridos y muy sabrosos

Oscurece sobre las 4 de la tarde, por lo que cuando acabamos de comer ya es de noche. Ponemos rumbo a Sabac. Cerca de allí, en Belajevac, es donde viven Ceca y Djuka, nuestros anfitriones, y donde vamos a pasar estos días.

Sabac es una ciudad que se encuentra casi a la misma distancia, algo más de una hora, de Belgrado y de Novi Sad, las dos ciudades más importantes del país. Es una ciudad pequeña pero muy cuidada, con todos los servicios y tiendas necesarias,con hospital, con teatro… y con un precioso mercado con todo el techo de madera y lleno con los productos de la zona. .

Paseando por Sabac, con una vista característica de la ciudad
Mercado de Sabac con un bonito techo de madera

Cuando llegas a Serbia lo primero que tienes que hacer es registrarte en la policía, dejando tus datos y los datos de las personas con quienes te vas a alojar. Si estás en un hotel  se encargan ellos de hacerlo, pero si estas en una casa particular, como estamos nosotros, es un trámite que tienes que realizar.

Por la noche dimos una vuelta por el centro de Sabac y  cenamos unos «cevapi» buenísimos, que son una especie de carne picada en forma de salchicha y que se sirven 5 ó 10 en pan de pita, una delicia tomados a la manera local. ¡Yo solo me atreví con el de cinco! Realmente la comida es otro tema suficientemente importante como para hacer un post completo de los diferentes platos típicos, sobre el placer de comer en Serbia.

Iglesia de Sabac
Cenando «cevapi» en Sabac

   Todos los restaurantes, en los que por cierto se sirve comida a cualquier hora del día, son preciosos, y en uno de ellos, el Etno restoran Cardak, en Majur, una especie de cabaña  típica convertida en restaurante, probamos la mejor comida del lugar.

Os recomiendo que entréis en los enlaces de los restaurantes porque ahí se ve la importancia que le dan a la decoración y a los productos típicos de la tierra.

Uno de los acogedores restaurantes típicos de Serbia, el Cardak

Los adornos navideños y el fuego de la chimenea hacen súper acogedores estos restaurantes y consiguen que te olvides del frío que está haciendo fuera. Tengo que reconocer que estas comidas y sobremesas tan agradables y en tan buena compañía es una de las cosas que más he echado de menos al volver a la rutina.

Restaurantes acogedores, comida sabrosísima, buena compañía… todo esto hace que el viaje sea realmente inolvidable

Aunque para nosotros la Navidad ya ha pasado, aquí son los días previos a la Navidad, que se celebra el 7 de Enero según el calendario gregoriano que usa la Iglesia Ortodoxa, por lo que todo está muy adornado.

Uno de los días comimos cochinillo asado, que es una de las comidas típicas que se hacen los días de celebración. Ya desde buena mañana se tiene que poner a asar para que a la hora de comer esté en su punto. Estaba buenísimo. ¡Abstenerse vegetarianos porque aquí casi toda la comida está basada en la carne:  cordero, cevapi, cochinillo  …!

El cochinillo se tiene que empezar a preparar por la mañana para que a la hora de comer esté en su punto.

 

En Serbia la carne está presente en los días de celebración, como la Navidad

En los días que hemos estado en Serbia no ha nevado, ¡una lastima!. Nos hubiera gustado conocer estos paisajes como son realmente en invierno, todo blanco, y además  nos decían que el tiempo era buenísimo aunque a nosotros nos parecía que hacia mucho frío, ¡cosas de los que vivimos a orillas del cálido Mediterráneo!.

Por Sabac pasa el río Sava, que luego en Belgrado se junta con el Danubio y forman la preciosa vista que se observa desde la fortaleza de Kalemegdan. Pero dejamos Belgrado para un post completo pues, aunque es una ciudad un poco caótica, tiene muchas recomendaciones para ver y nos centramos en la naturaleza que rodea Sabac.

Aquí, a la orilla del Sava, entre los árboles que crecen en sus orillas, hay unas casitas, como de pescadores, adonde la gente viene en verano. Éste fue otro de los paisajes originales y atractivos del viaje.

Las casitas están en alto para evitar las crecidas del río Sava
Vistas del río Sava

Aprovechando que Sabac está a pocos kilómetros de la frontera con Bosnia, pasamos a este otro país a visitar el Stanisic Ethno Village , a solo 3 kilómetros del Puente de Pavlovic , que separa Serbia de Bosnia. Cruzamos la frontera y ya tenemos un nuevo sello en nuestro pasaporte, el de la República de Bosnia-Herzegovina.

Aquí paseamos por todo el complejo que es realmente bonito, visitamos las  cabañas donde te muestran cómo vivían los antiguos moradores de los Balcanes, entramos en  la réplica de un Monasterio ortodoxo y nos fotografiamos junto a  una pequeña estación de tren.

Visitando el «Stanisic Ethno Village» en Bosnia
Réplica del «Kumanice Monastery»
Animales de granja en el Ethno Village

Y cuando nuestros estómagos nos recuerdan que ya es hora de comer lo hacemos en uno de sus restaurantes, con su chimenea encendida y toda la decoración navideña. Tan acogedor como todos los que hemos visitado en nuestro viaje. Y volvemos a darnos un festín, esta vez con codillo ahumado y una especie de buñuelos que estaban de muerte. ¡Y sin perdonar el postre!, sobretodo los «palacinke», que son como una especie de crepes. ¡Está todo  tan bueno!

Restaurante Konoba decorado en estilo típico bosnio

 El último día antes de volver a casa dimos un largo paseo por los campos que rodean Belajevac, y llegamos al pueblo de Stitar visitando su Iglesia, su escuela e incluso su cementerio.

Iniciamos el año 2019 dando un paseo por los alrededores de Belajevac en un día frío pero soleado
Paseando por Stitar

En este tranquilo pueblo vemos grandes contrastes entre lo cuidado de la Iglesia y lo descuidado del centro de salud, entre la escuela, muy bien conservada, y un teatro en ruinas o un parque sin cuidar. Pero la gente es simpática y acogedora, y nos da la impresión de que no pasan por allí muchos turistas y menos aún españoles por lo que nos miran con un punto de curiosidad.

La pequeña Iglesia ortodoxa de Stitar

En un pequeño bar, con mesas de railite, manteles de hule a cuadros rojos y blancos y cajas de cervezas amontonadas por las esquinas, nos tomamos un café casero y unos dulces típicos que se sirven con el café. El café es fuerte, diferente al que estamos acostumbrados a tomar, pero a mí me gusta y el lugar es acogedor con su sencillez.

Tomamos el café y los dulces  típicos en un sencillo bar de pueblo

En el cementerio nos llama la atención que la gente deja junto a las tumbas los alimentos que les gustaban a sus familiares que están allí enterrados y puedes ver una taza de café en una tumba o naranjas y chocolatinas en otra. El conocer otras culturas con costumbres distintas de las nuestras es lo enriquecedor de los viajes, y  lo que mas me gusta descubrir cuando salgo de casa.

Nuestra sensación es que aquí la vida se vive relajada y tranquila y por estos pueblos parece que nunca pasa nada. La leña bien cortada, los campos cuidados, animales sueltos…

La leña bien cortada…
…los campos de avellanos muy cuidados.

Pero todo se acaba y llega el día en que tenemos que dejar la tranquilidad y el ritmo lento en el que nos hemos movido estos días para chocar de golpe con el caos,  porque el aeropuerto de Belgrado,  a pesar de que son las 4 de la mañana y de que estamos a varios grados bajo cero, es un lugar en plena ebullición.  Y lo notamos aún más cuando llegamos al Charles de Gaulle, donde tenemos que hacer escala. Aquí ya nos vamos preparando para volver a la rutina del trabajo, de las prisas, del madrugar, de tener todas las horas del día ocupadas.

Haciendo escala en el aeropuerto Charles de Gaulle

Si después de haber leído este post, y eso que aún os faltará por leer el que pienso dedicar exclusivamente a la comida, os ha entrado el gusanillo de explorar este país, tan acogedor  y con una belleza tan natural, os  dejo algunos consejos:

  • Serbia es un país con una importante historia, por lo que antes de visitarlo deberías leer algo de su historia para entender mejor sus costumbres y a sus habitantes.
  • Olvida los prejuicios y todos los estereotipos sobre los serbios que has visto en las películas. Recuerda que los Balcanes ha sido un lugar que ha visto pasar muchas guerras, y las heridas de la última, hace poco más de 20 años, aun están recientes. La historia de un país marca el carácter de sus habitantes.
  • Deberías conocer algo del alfabeto cirílico ya que muchos carteles, nombres de calles, etc… están escritos con estas letras.
  • Prueba todos los platos de la cocina serbia. Recuerda que en los restaurantes se sirve comida a cualquier hora. Y como leí en algún sitio: «¿Qué decirle a los vegetarianos? Que si decides comer carne una vez en la vida, ¡hazlo en Serbia!…». Pues eso.

Han pasado ya algunas semanas desde que volvimos, pero por aquí, en un rinconcito de mi  cerebro, y por allí, en una esquinita de mi retina se han quedado ancladas muchas de las imágenes de este viaje: el amanecer desde la habitación, los avellanos tan cuidados, los acogedores restaurantes, la «pita» y los «pogacice» del desayuno, el cochinillo asado,  …

Vistas de Belajevac

Y ahí se quedarán hasta que otras imágenes  de Serbia en otros momentos del año las complementen, porque Ceca y Djuka nos dicen que tenemos que conocerla  en primavera para ver los frutales en flor, y en verano para escapar del calor paseando por sus montañas y conociendo sus Monasterios, y en otoño, cuando los árboles tienen un color dorado espectacular. Y por supuesto en invierno porque no renunciamos a verlo nevado como en la  foto que nos mandaron unos días después de irnos, Ceca y Djuka, nuestros consuegros y estupendos anfitriones. Hvala puno. Muchas gracias

Así de blanco amaneció Belajevac unos días después de irnos
Ceca y Djuka, nuestros anfitriones

5 comentarios en “ELIGIENDO CON EL CORAZÓN: VIAJE AL INTERIOR DE SERBIA

  1. Mari Luz, es precioso!
    Estamos encantados de que os ha gustado nuestra tierra! Y tmb muy felices de teneros de familia!
    Os queremos y esperamos de que volvéis a conocer Serbia en otras estaciones ! Primavera es preciosa, verano tmb y el otoño tiene un color especial 😉
    Muchos besos y gracias 😘

    1. Este artículo lo he podido escribir gracias a vosotros y a cómo nos sentimos acogidos por vosotros y por vuestra familia y amigos. Nos hicisteis sentir unos serbios más. ¡Solo nos falta aprender algo del idioma, que es bastante difícil!

  2. Precioso, se nota que está escrito con el corazón y seguro que a mas de un lector le ha hecho plantearselo como destino

    1. Precisamente porque no es un destino explotado turísticamente es una delicia poder conocer sus pueblos tan auténticos y sus paisajes casi vírgenes.

  3. Hay tantos y tantos lugares donde viajar, que Serbia no.lo.habia incluido en mis posibles destinos. Ahora despues de haber leido el post, que por cierto me lo has descrito como si yo tambien hubiera estado con vosotros, lo he inscrito en mi lista de posibles viajes.
    Gracias Luz

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