ELIGIENDO UNA CIUDAD NÓRDICA: COPENHAGEN (I)

Hace tiempo que tenía ganas de conocer la forma de vida en alguna ciudad de los países nórdicos, para poder compararla con la que llevamos en las ciudades de los países del sur. Y este verano tuve ocasión de visitar no una sino dos de estas ciudades: Copenhagen en Dinamarca y Malmö en Suecia.

Es verdad que al ir en Agosto, y aunque la temperatura era perfecta para poder visitarlas a gusto, no las vimos como deben ser en invierno, con el día muy corto, bastante frío y lluvia o nieve.

Lo primero que me llamó la atención nada mas llegar fue la cantidad de bicicletas que circulaban por todas partes y el buen nivel de inglés que tenían todas las personas a las que nos dirigimos: la dependienta del supermercado donde nos compramos la cena, el conductor del autobús que cogimos para ir a nuestro alojamiento, el dueño del apartamento que alquilamos en “Airbnb”…

Y no fue solo una primera impresión, sino que las dos cosas, la cantidad de bicicletas y el buen nivel de ingles, lo pudimos corroborar el resto de días que pasamos aquí.

Parquing de bicicletas en el Parlamento de Copenhage

Si digo que Copenhage es caro no digo nada nuevo. Lo había leído en todos los blogs y en todas las informaciones que había buscado para preparar este viaje. Si bien es cierto que los pasajes de avión nos salieron muy baratos a pesar de haberlos comprado con solo una semana de antelación, lo que sí que nos costó bastante fue encontrar alojamiento.

Los hoteles, los que quedaban, imaginaros agosto y a una semana de ir, estaban fuera de nuestras posibilidades, muy, muy, muy caros. Solo nos quedaba encontrar un apartamento para tres y que no estuviera en un barrio muy alejado del centro de la ciudad.

Después de pasar algunos ratos buscando encontramos uno en el barrio de Fredericksberg que se ajustaba algo más a nuestro presupuesto y en el que estuvimos relativamente bien. Y digo relativamente porque si hubiéramos ido solo dos personas hubiera estado bien, pero la tercera tenía que dormir en un colchón hinchable que mas bien era deshinchable, pero bueno cuando viajas no siempre prima la comodidad y todo lo das por bueno con tal de conocer sitios nuevos.

Calle de Copenhage
Nuestro alojamiento en Copenhage

Lo que te da vivir unos días en un apartamento y no en un hotel es que te acercas mucho mas a la forma de vivir del país. El apartamento en el que estábamos correspondía a un primer piso, sin cortinas ¡como no!, en un bloque de apartamentos de tres pisos que ocupaban toda una manzana, con un jardín interior, y con toda la acera llena de las bicicletas de los que vivían aquí. Bicicletas de todas formas, colores y tamaños, grandes, pequeñas y diminutas, con sillitas de niño, con carritos delanteros o traseros…Está claro que aquí todo el mundo se mueve en bicicleta.

Las bicicletas son el transporte en Copenhage
Bicicletas por las calles de Copenhage de todas formas y colores

Lo que hicimos el primer día que nos despertamos en Copenhage fue ir andando hasta la Rådhuspladsen o Plaza del Ayuntamiento para ver cómo era el barrio en el que estábamos y tomarle un primer pulso a la ciudad. Pero la Plaza del Ayuntamiento casi no la pudimos ver ya que estaba ocupada, una parte por las obras el metro, y la otra por un escenario gigante y una multitud de tenderetes ya que se estaba celebrando el “Día del Orgullo Gay”.

Así que empezamos a pasear por Stroget, la calle peatonal que cruza prácticamente el centro de la ciudad de parte a parte y donde hay multitud de tiendas, aunque las que más nos llamaron a nosotros la atención fueron dos que, aunque yo lo desconocía, son marcas danesas: una es un “Tiger” enorme y la otra una tienda “Lego”, con miles de piezas de lego de todos los tamaños, para disfrutar como un enano.

En la tienda de LEGO
Piezas de LEGO para construir de todas los tamaños y colores…

Nos habíamos propuesto en esta primera mañana visitar el Castillo de Rosenborg y hacia allí dirigimos nuestros pasos. Este Castillo te da la impresión como si te metieras en un cuento de hadas en pleno corazón de la ciudad. Tiene unos jardines preciosos donde pudimos descansar un poco y ver con nuestros propios ojos lo limpio que estaba todo, ¡ni una hoja de árbol se veía por el suelo!

En este viaje como no teníamos mucho tiempo teníamos que priorizar qué es lo que queríamos ver , por lo que este Castillo no lo vimos por dentro, nos limitamos a verlo por el exterior y disfrutar de sus jardines.

Jardines y Castillo de Rosenborg

De ahí nos fuimos hacia Amalienborg, la actual residencia de la Familia Real Danesa, y en el camino vimos como entre los edificios sobresalía una gran cúpula blanca, era la Iglesia de Marmol. Esta iglesia, hecha a imagen y semejanza de San Pedro en el  Vaticano, tiene la peculiaridad de que  es toda de planta redonda por lo que desde dentro ves la cúpula en todo su esplendor ya que no se apoya en ningún pilar central.

Y justo cuando llegamos a Amalienborg, una plaza con 4 palacios impresionantes, estaban haciendo  el Cambio de Guardia y ahí nos quedamos a verlo.

Cambio de guardia en copenhage
Cambio de guardia en el Palacio de Amalienborg

La verdad es que es como si fuera una obra de teatro muy ensayada y repetida diariamente por lo que cuando nos cansamos del espectáculo nos fuimos paseando por la orilla del canal Inderhavnen, un brazo de mar bastante grande y en cuyas orillas de ambos lados se encuentran algunos de los edificios modernos mas importantes de Copenhage, como la Opera, La Biblioteca Nueva llamada Diamante Negro o el Teatro Real.

La Opera de Copenhague

Y andando un poco más llegamos hasta una de las estampas más conocidas de Copenhague, el Nyhavn o Puerto Nuevo con sus casitas de colores, donde, por supuesto, nos hicimos la típica foto.

Viendo este Canal con sus barcos de madera atracados parece que nos hemos trasladado, aunque sea por un instante, a la Dinamarca de finales del siglo XVII cuando Copenhague era uno de los puertos más importantes del Norte de Europa y Nyhavn el barrio de los pescadores y de los marineros. Aquí vivió también el famoso escritor de cuentos Hans Christian Andersen.

El Nyhavn o Puerto Nuevo

Con tanto paseo ya empezábamos a tener hambre. Queríamos probar algo típico danés, como el “smorrebrod”y los arenques y encontramos un sitio precioso, el Royal Smushi Cafe. No es un lugar que esté a la vista, sino que tienes que atravesar un pasadizo para llegar a un patio interior donde se encuentra este café. Es un lugar tranquilo, totalmente recomendable para  hacer una parada si vas paseando por Copenhage.

Royal Smushi  Cafe

Se encuentra al final del Nyhavn, o al principio, según donde te encuentres. En la  plaza llamada Kongens Nytorv, allí a un ladito, está la entrada a este café, donde también había cantidad de tartas caseras para hacer una parada a media tarde si vas paseando por Storget, la calle peatonal de Copenhage.

Plaza de Kongens Nytorv

Cuando estamos viajando nos gusta probar la comida típica del lugar en el que estamos por lo que, en esta ocasión, tomamos tres tipos de “smorrebrod”, que son como unas tostas de pan de centeno con diversos ingredientes fríos y el “skagenplanke”, unas especialidades del norte de Dinamarca.

Platos típicos daneses

Y así ya comidos y descansados nos fuimos a ver Copenhague desde lo alto. En esta ciudad, con edificios de poca altura en general, hay tres sitios donde poder verla desde las alturas.

Una es la “Rundetaam”o  Torre Redonda, un observatorio astronómico al que se sube por una rampa de caracol, otra es la Iglesia de San Salvador con su peculiar torre en espiral a la que se sube por una escalera exterior, y otra,la más alta, que es donde subimos nosotros, es la Torre del Parlamento en el Palacio de Christiansborg, sede actual del Parlamento Danés.

Nosotros elegimos esta última y no nos arrepentimos en absoluto. Se sube en ascensor, no hay mucha cola y, lo mejor de todo, ¡es gratis!. No mucha gente lo sabe y ésto es lo bueno de haber leído multitud de blogs y haber buscado información antes de visitar la ciudad, el que puedes encontrar lugares como éste.

Toda Copenhage se ve desde la Torre del Parlamento: desde las atracciones del Tívoli, hasta el  Edificio de la Bolsa con su preciosa torre con las colas de tres dragones entrelazados, desde los canales atravesando la ciudad  hasta el Puente de Oresund  allá  a lo lejos, uniendo Dinamarca con el continente y que nosotros atravesaríamos en tren al día siguiente.  Unas vistas preciosas.

Vistas de la torre del Edificio de la Bolsa desde el Parlamento
Vistas desde la Torre del Parlamento

El paisaje que se quedó en mi retina: Los jardines del Tívoli

No nos apasionan los Parques de Atracciones y estuvimos a punto de no entrar en el Tívoli, pero al final nos ganó la curiosidad por ver el Parque de Atracciones más antiguo de Europa y uno de los más antiguos del mundo, ubicado en pleno centro de una ciudad, y claro que no nos arrepentimos de entrar ya que ha sido el paisaje que se nos ha quedado en la retina.

Además la tarde que entramos estaban esperando a la Familia Real Danesa y a otras celebridades ya que justo esa noche se celebraba el 175 Aniversario del Parque. ¡No todo el mundo puede decir que estuvo en un lugar justamente 175 años después de su inauguración!

Entrada al Tívoli, esperando a la Familia Real Damesa por el 175 Aniversario del Parque

Nada más entrar ya te quedas extasiado por la abundancia de vegetación, por la perfección de sus jardines, por ese aire decadente que daba el Teatro de Pantomima, que es el Pabellón más antiguo del Parque, con los típicos personajes que ya entretenían a nuestros abuelos.

Teatro de Pantomima
Detalle de los Jardines del Tívoli

Abrimos los ojos como platos nada más entrar, y fuimos a más, al ver los edificios, la Pagoda, el Palacio Indio, el barco Pirata, todos ellos restaurantes. Y seguimos abriendo los ojos al contemplar sus atracciones, algunas modernas pero otras imitando a las que ya entretenían a la gente hace más de 100 años..

Los jardines del Tívoli en Copenhagen

Nos miramos en espejos que nos hacían muy gordos o muy flacos, vimos como subían muy, muy alto y bajaban las sillas voladoras, pasamos por debajo de un enorme dragón y parecía que habíamos aparecido en China, oímos gritar a la gente que daba vueltas en una moderna montaña rusa y reir a los niños que subían en una noria que imitaba a las antiguas de madera.

Paseando por los jardines del Tívoli
Atracciones clásicas se mezclan con las más modernas en el Tívoli

Y también está la zona, un poco más alejada de las atracciones, en la que el Tívoli se convierte en un jardín urbano, en un pulmón verde en el centro de la ciudad donde poder descansar. Y eso hicimos en unas graciosas hamaquitas que están repartidas por el césped. ¡Todo el Tívoli está lleno de preciosos rincones1

Descansando en los jardines del Tívoli
Todo el Tívoli está lleno de preciosos rincones

Y cuando se hizo de noche, ¡qué decir! fue como si hubiéramos entrado en otro parque, todo se transformó y se volvió más mágico todavía. Por lo tanto un consejo, procura entrar en el Tívoli al atardecer, podrás verlo de día y de noche y como hay una gran oferta gastronómica podrás cenar allí. Hay restaurantes más caros y otros más asequibles. Nosotros cenamos en el Wagamama, un oriental que nos gustó bastante.

Anocheciendo en el Parque de Atracciones Tívoli

Por lo que, tanto si os gusta subir a las atracciones como si solo queréis pasear, entrad en el Tívoli. La entrada cuesta 110 Coronas Danesas y luego cada atracción se paga por separado.

Y aquí acabó nuestro primer día en Copenhagen, cogiendo un autobús para volver a nuestro apartamento en el que nos equivocamos en la parada al bajar y tuvimos que andar un poco más de lo normal. Son gajes del oficio por estar en una ciudad desconocida, una anécdota mas.

Aún nos faltaba mucho por ver de Copenhagen: navegar por el Canal, ver el Diamante Negro, visitar la fabrica de cervezas Carlsberg, pasear por el parque de Fredericksberg, comer en el Street Food, descubrir el barrio de Christiania,  y por supuesto hacernos una foto con  la Sirenita. Todo eso también lo hicimos.¡Ya os lo iré contando!

Pillamos la cama con muuuuchas ganas y teníamos que descansar porque al día siguiente íbamos a coger un tren que nos llevaría a otro país. Queríamos cruzar a Malmö en Suecia por el puente de Oresund. Estad atentos al próximo capítulo.

 

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