EL VALLE DE AOSTA Y EL MONTE BIANCO

En nuestro viaje de este verano decidimos volver a visitar montañas, pero no cualquier montaña, queríamos acercarnos lo más posible al techo de Europa, al Mont- Blanc, al Monte Bianco como lo llaman en el lado italiano desde el que lo visitamos en esta ocasión.

Ya comenté en el post «Eligiendo por unas montañas : El Tirol» que somos más de montaña que de playa, y cuanto más altas sean las montañas mejor, así que pusimos rumbo a Italia, al Valle de Aosta, un valle pequeñito, casi más francés que italiano, frontera con Francia y Suiza, y desde donde podríamos observar la zona occidental de los Alpes con sus icónicos cuatromiles: el Cervino, el Mont Blanc, el Monte Rosa o el Gran Paradiso.

Al fondo el Mont Blanc. Aunque no lo parezca tiene casi 5000 m.

Y es a día de hoy, y con la perspectiva que me da el tiempo que ha pasado desde el verano, que es cuando hicimos este viaje, que tengo la sensación de que ha resultado ser un viaje de los que considero casi perfecto.

¿Y por qué digo ésto? Un vuelo directo y no muy largo, un valle pequeño que puedes recorrer en pocos días sin cansarte de conducir, una zona poco turística en verano, un hotelito precioso con unas vistas de los Alpes espectaculares, en un pueblo bastante peculiar, cerca de una ciudad romana, Aosta, y de una ciudad más grande, Turín, para poder combinar paisajes naturales y urbanos.

Comer pizza en Italia. ¡Un placer!

Ah! y algo también muy importante, una acogedora pizzeria, Il Rugantino, cerca del hotel, con pizzas buenísimas y a muy buen precio. Realmente ¡qué más se puede pedir!

Bueno sí, un clima también perfecto, ni frío ni calor, pero con algún rato de lluvia, que en verano se agradece, y con días despejados cuando teníamos excursiones previstas. Como debe ser un viaje casi perfecto.

Y digo casi porque, como en todos los viajes, siempre hay alguna anécdota que contar. Luego os lo explico.

Volamos de Valencia a Turín con la idea de ver los Alpes desde el lado italiano, ya que los habíamos visto desde Suiza en un viaje anterior. Pero en esta ocasión, además de conseguir casi tocar el Mont Blanc con la punta de los dedos, que lo nuestro nos costó, ya lo veréis, nos encontramos con un valle pequeñito, medio francés, medio italiano, super tranquilo, pocos turistas en general, y muy pocos turistas españoles en particular, y una ciudad, Aosta, conservada como en la época romana, con su Puerta Pretoria, sus calles adoquinadas, su teatro romano… una gozada.

Puerta Pretoria en Aosta

Pero en este post nos vamos a centrar en la subida al Mont Blanc y dejar para otro momento la visita a Turín, a Aosta y la excursión que hicimos a las Cascadas de Lillaz en pleno centro del Parque Nacional Gran Paradiso.

La verdad es que hay poca información turística sobre este pedacito de Italia y lo que me sirvió de gran ayuda para organizar mis itinerarios de los días que íbamos a pasar por aquí fue la  Ruta por el valle de Aosta de Caracol Viajero

Desde el aeropuerto de Turín, y después de alquilar un coche, fuimos por autopista hasta el pueblo de Saint Pierre, que es donde teníamos el alojamiento. Elegimos este pueblo porque está situado, mas o menos, en medio del valle y así podíamos visitarlo  todo mejor.

Y nos encontramos con un pueblo muy curioso, totalmente diseminado, esparcido por la montaña, con un castillo en medio de todo y una iglesia adosada al castillo como cayéndose por la ladera del monte.

Castillo de Saint Pierre visto desde el hotel

Un pueblo realmente peculiar y precioso, y un hotelito de estilo alpino, Lo Fleyé, en consonancia con el resto de chaletitos que habían por allí.

Hotel Lo Fleyé en Saint Pierre

En el camino de Turín a nuestro hotel pensábamos parar en algunos pueblos para visitar sus castillos y fortalezas ya que la peculiaridad de este Valle es que la mayoría de los pueblos están bordeando el río Dora Baltea y casi en cada uno de ellos hay un  castillo-fortaleza, algo común a casi todas las zonas fronterizas que tenían que defenderse de los intentos de anexión de los países vecinos.

Subiendo al Castillo de Vèrres

Pues muy bien, esa era nuestra idea y así llegamos a Vèrres, un bonito pueblo medieval con un castillo con forma de caja ubicado en lo alto del pico de una roca.

…Y como teníamos previsto empezamos a subir hacia el castillo, pero a mitad camino, y ésto no lo teníamos previsto, justo cuando estábamos lejos del castillo y lejos del pueblo, nos cayó una tromba de agua que nos chopó de arriba a abajo, y que nos hizo desear, cuando conseguimos llegar al coche, ir directamente al hotel para poder secarnos y cambiarnos.

Estos imprevistos son los que hacen único cada viaje. Así que nos quedamos sin ver los castillos pero, a cambio, y ya con ropa seca, pudimos comer en Aosta en una Osteria muy peculiar. Ahora os cuento.

De todas formas, y aunque yo solo los vi pasando con el coche, si venís a este pequeño valle  no deberíais perderos el visitar la fortaleza de Bard, donde se rodó la película de Los Vengadores, y los castillos de Fenis y de Issogne, y, por supuesto, el de Vèrres, al que la lluvia nos impidió llegar. Pero así de bonitas se veían las montañas amenazando tormenta.

Vèrres
Café a la valdostana

Llegamos a Aosta a la hora de comer, aparcamos en el parking del estadio de Arena Sport, que es gratuito, como  había leído que recomendaban en el blog de Caracol Viajero, y muy cerquita de allí vimos una típica Osteria, La Vache Folle, y allí entramos a comer.

Todo un acierto. Comida valdostana, totalmente diferente de la típica comida italiana que todos llevamos en mente, y hasta nos atrevimos a probar  una especie de cafetino que vimos que servían en otras mesas.

Lo típico de «sírvame uno como el que ha servido en aquella mesa», sin saber ni lo que lleva, pero es que la preparación era espectacular, igual que lo era el ambiente y la decoración del local. Muy recomendable. Aquí os dejo una muestra de la comida valdostana. ¡Qué me decís!

Comida típica valdostana, con el queso Fontina como protagonista

Y ya bien comidos fuimos a pasear por Aosta, pero esto ya es contenido para otro post, así que vamos con la subida al Mont Blanc.

Nos habían recomendado que, antes de subir al Mont Blanc, miráramos la previsión del tiempo en la página del teleférico, il funivie en italiano, Skyway Monte Bianco, donde te informan de la temperatura, si hay o no viento y la visibilidad que tendrás cuando llegues a Punta Hellbronner, que es donde llega el teleférico.

Toda esa información está puesta por horas y es totalmente fiable, porque puede ser muy diferente el día que haga a los pies del Mont Blanc, que 5000 metros más arriba. Y eso es lo que nos pasó, que el día que teníamos previsto subir daba nublado y con poca visibilidad por lo que lo aplazamos al día siguiente.

Por eso es interesante que tengas más de un día para poder hacer esta fantástica excursión, pero te diría que vale la pena la sensación de estar allí arriba aunque no sea un buen día. Claro que si la visibilidad es buena pues muchísimo mejor.

El teleférico se coge en la localidad de Courmayer, donde empieza el túnel del Mont Blanc que separa Italia de Francia, un pueblo que vive de la glamurosa estación de esquí y ….del teleférico del Mont Blanc.

El teleférico Skyway Monte Bianco, pasando frente al Mont Blanc

Y eso lo notamos al llegar ya que había tanta gente que casi no encontramos ni sitio para aparcar a pesar de que hay dos parkings enormes. No sé si estará así de lleno todos los días de verano, ya que  el día que nosotros fuimos era fiesta, el 15 de agosto, y nos encontramos con dos filas larguísimas, una para sacar las entradas y otra para subir al teleférico.

Mi marido, que es un acérrimo enemigo de las colas, (creo que no conozco a nadie que odie más hacer cola que él), se echó las manos a la cabeza y estuvimos en un tris de dar media vuelta y largarnos, pero por suerte no lo hicimos ya que nos hubiéramos perdido una experiencia única, y la verdad es que, una vez arriba, te olvidas del tiempo que has estado esperando y hasta Roberto creo que perdonó el tiempo perdido haciendo cola.

El teleférico es redondo, panorámico y va dando vueltas para que puedas ver el paisaje por todos los lados. La entrada cuesta 52€ por persona, en cada viaje suben 60 personas y hace dos paradas, en Pavillon, 2173m., donde bajas y coges otro que te lleva a punta Hellbronner a 3466m., y lo más cerca que vas a estar del Mont Blanc sin ser un montañero profesional.

Skyway Monte Bianco

Nosotros decidimos subir  primero a Punta Hellbronner y luego bajar a Pavillon y comer allí, ya que muy inteligentemente y aprovechando el tiempo de la cola habíamos comprado unos pannini para comer.

Una vez llegas arriba del todo, lo primero que notas es …bastante frío, y luego ya no sabes hacia donde mirar. La vista te abruma. Ante tí el espectáculo de los Alpes, con sus nieves eternas, donde se juntan la mayor cantidad de cuatromiles de Europa, a tu derecha el Diente del Gigante, mas allá el Monte Cervino, y a tu izquierda, como un coloso, el Mont Blanc, blanco y reluciente, luciendo en todo su esplendor, porque la verdad es que la visibilidad de ese día era espectacular.

Nieve en pleno agosto en los Alpes
El Diente del Gigante.4014m.
Mont Blanc.4810m.

Desde Punta Hellbronner se puede ir hasta Chamonix, ya en Francia, en otro teleférico, más pequeño y más clásico que en el que habíamos subido nosotros, tan futurista. No lo cogimos pero debe ser una pasada cruzar por encima de estos gigantescos picos nevados.

Teleférico que va de Chamonix a Punta Hellbronner

En Punta Hellbronner hay varias terrazas para tener vistas panorámicas desde todos los lados, y una vez las recorrimos todas decidimos bajar al Refugio Torino, que es desde donde salen las cordadas de los montañeros que van a subir al Mont Blanc, o a cualquiera de los otros cuatromiles de esta zona de los Alpes.

Vista del Refugio Torino desde Punta Hellbronner , con el Valle de Aosta al fondo,

Para acceder al Refugio hay que bajar en ascensor y luego atravesar un túnel, todo por el interior de la montaña. Allí es un buen sitio para tomar un café o comer con vistas al Mont Blanc.

En el refugio Torino, puedes comer con vistas al Mont Blanc. Una delicia

Después de un rato sentados al sol y disfrutando del momento volvimos a coger el teleférico y bajamos a Pavillon. Aquí puedes pasar un buen rato ya que hay juegos para niños, un Jardín Botánico, un cine alpino, y una exposición muy interesante donde te explican la historia del funicular pudiendo comprobar como eran las antiguas cabinas.

Nosotros nos comimos nuestros pannini en la amplia explanada que allí hay y acabamos de pasar un día que, aunque no empezó muy bien, acabó fantásticamente.

Y ésta fue nuestra experiencia de un día en los Alpes italianos.

Vista de Pavillon desde el teleférico.

 

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