EL PLACER DE COMER EN SERBIA

En nuestro viaje al interior de Serbia una de las cosas que más nos llamaron la atención fue la comida. Mi hija, que ha estado allí en distintas ocasiones, ya nos había dicho lo buenos que estaban  todos los platos típicos, pero no nos esperábamos una comida tan diferente a la nuestra, tan colorida, tan variada y tan exquisita.

Y ya, antes incluso de volver a casa, había decidido que el tema de la comida era tan contundente que se merecía que hiciera un post entero sobre ella. Así que aquí estamos. ¡Vamos por partes!

Primero os contaré algunas curiosidades que me llamaron la atención:

  • En los restaurantes puedes comer a cualquier hora del día. La cocina no cierra. Ah! y se puede fumar. Ya no recordaba la última vez que había visto fumar a alguien dentro de un restaurante.
  • Cualquier cosa que se pueda comer se puede comer en cualquier momento del día. No hay alimentos para desayunar o para cenar. Puedes estar comiendo cordero en el desayuno o en la cena. Si es comestible se saca a la mesa.
  • Nos llamó la atención la cantidad de carne que toman. !Y toda buenísima!
Comer carne en Serbia es todo un ritual

Bueno, pues empecemos por el desayuno. Nosotros tomábamos pita casera, ¡buenísima Ceca!, y pogacice  recién hechos, una especie de pastelillos salados formados por muchas capas de hojaldre, y por supuesto todo lo que se pueda comer: ajvar, kajmac… Para beber toman un tipo de yogur líquido que nos gustó mucho. Y después, si quieres, te puedes tomar un café casero, fuerte y sabroso, como toda la comida serbia.

Pita y pogacice para desayunar

A la hora de comer, que ya os he dicho que puede ser a cualquier hora, da igual pronto que tarde, lo que no podía faltar era la col, el kupus como se llama en serbio, bien como acompañamiento o como ensalada de invierno. Lo tradicional es que la ensalada en invierno sea de verduras encurtidas y en verano de verduras frescas, aunque hoy en día en cualquier restaurante puedes pedir de las dos clases.

Ensalada de invierno con unas verduras con mucho sabor y con la col como elemento principal

Y me di mas cuenta todavía de la importancia de la col cuando vi cómo en el mercado vendían montones de kupus de todo tipo.

La col, kupus, esta presente en la comida diaria de los serbios

De entrantes, además de las ensaladas, nos gustaba pedir  ajvar, una especie de crema de pimientos rojos, y kajmac, unas bolas blancas hechas con nata fermentada . Ésto se degusta con  panecillos calientes y, por supuesto, con  las proja, que son como unas madalenas saladas que nosotros ya conocíamos porque Viktor, el marido de mi hija, nos las había hecho en Valencia, y tengo que decir que a veces estaban incluso más buenas que las que probamos en Serbia. ¡Por cierto Viktor, hace mucho que no nos haces projas!

Las ensaladas son variadas y muy coloridas y el «kajmac» y el queso sabrosísimos

Luego, de plato principal no podía faltar la carne, si podía ser mesano meso, que es una especie de parrillada con todo tipo de carnes.

La importancia de la carne

En Bosnia probamos también el codillo ahumado y unos buñuelos espectaculares. Ah! y después de meternos todo eso entre pecho y espalda teníamos que dejar sitio para el postre. Porque no podíamos dejar de probar la baklava y los palacinke sa kremom i plazmom,       una especie de crèpes con chocolate y galleta.

Panecillos y proja y por supuesto kajmac, esas bolitas blancas.

Y para una cena rápida, los cevapis con pan de pita, que son como  nuestro «fast food» pero con ingredientes naturales ¡y tres veces más grandes!. Se sirven 5 o 10 piezas , y si  te tomas eso con una cerveza, ¡que por cierto no tienen nada que envidiar a las alemanas!, te da la impresión de que ya no te va a entrar nada por el estómago en varios días. Aunque luego ves que no es así y al día siguiente no quieres perderte ni el desayuno.

Los cevapis con pan de pita son muy típicos

Después de la comida toman rakia, un aguardiente hecho con frutas, el más común es el slivovice que es un aguardiente de ciruela. Todas estas bebidas tienen un alto grado de alcohol pero son muy digestivas.

Licores serbios

Y ahora vamos con los restaurantes. Como visitamos Serbia en los días previos a cuando allí se  celebra la Navidad, (que no coincide con nuestras fiestas), estaba todo muy adornado.

El primer restaurante  en el que estuvimos fue una bodega, el Vinski  Kuca Kovacevic , en el camino que va hacia la montaña de Fruska Gora, llamada la Montaña Sagrada, ya que allí se encuentran 16 monasterios ortodoxos del s. XV. Aquí tuvimos el primer contacto con la comida serbia y ya nos encantó.

Otro día, cuando estuvimos visitando Belgrado, ciudad de la que ya haré otro post, comimos en un restaurante dentro de la  fortaleza de Kalemegdan, que es un sitio imprescindible de visitar cuando estas en esta ciudad. El Kalemegdanska Terasa es un bonito restaurante  con vistas al Danubio.

Fortaleza de Kalemegdan en Belgrado
Kalemegdanska Terasa, un bonito restaurante con vistas al Danubio

 

Este restaurante se encuentra en Belgrado,  dentro de la Fortaleza de Kalemegdan

El último día antes de volver a Valencia, comimos en el Etno restoran Cardak, una especie de cabaña rústica, donde disfrutamos por última vez de un  festín de colores y sabores. No soy muy de dulces ni excesivamente amante de los postres pero aquí también me despedí, con todo el dolor de mi corazón, de la  baklava y los palacinke, que nos habían acompañado al final de las comidas desde que llegamos.

No puedes dejar de probar los postres serbios
Etno Restoran Cardak

¡Y qué decir de las comidas en Belajevac!, en casa de Ceca y Djuka, que es donde estábamos invitados. Buenísima la sopa y el sarma, carne envuelta en hojas de col, de la madre de Ceca. Buenísimas las frambuesas en conserva, maline, que tomábamos de postre. Y tengo que decir que nunca olvidaremos el cochinillo que vimos asar allí mismo durante toda una mañana para tener un día de celebración con la familia y amigos.

El cochinillo que asaron para comerlo con la familia y los amigos

O el cordero que tomamos en la cena de nuestra Nochevieja, porque allí, según el calendario gregoriano que sigue la Iglesia ortodoxa, la Nochevieja es el 14 de enero. Pero celebramos nuestra Nochevieja e incluso conseguimos que siguieran nuestra tradición de tomar un grano de uva con cada campanada. ¡Fue un momento muy divertido!.

Djuka, Ceca y sus padres

Compartimos muchas de estas comidas en Belajevac con los padres de Ceca , con los que, a pesar de no poder comunicarnos con el idioma, lo hicimos con los gestos y las miradas y tenemos que agradecer todo el esfuerzo que hicieron para que nos sintiéramos cómodos en todo momento.

Y siempre a mano, por si acaso te quedabas con un poco de hambre, ¡ya ves tu!, unas avellanas cogidas de los campos de Belajevac que cuida Djuka con tanto cariño.

Avellanas que nos regalaron y que nos trajimos a Valencia y que cuando las comemos nos sentimos trasladados de nuevo allí, a la tranquilidad, a la naturaleza en estado puro, al frío en el exterior y al calor en el interior: el calor de la casa, el calor de la chimenea y el calor humano con el que nos sentimos acogidos todo el tiempo que pasamos allí.

No hace falta que os lo diga, ya os habréis dado cuenta. Nos gustó Serbia. Mucho.

 

 

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