DESCUBRIENDO EL SOBRARBE: CASTILLOS, CHAMINERAS Y ESPANTABRUJAS

Al norte de la provincia de Huesca se encuentra un lugar repleto de historias y leyendas de brujas y fantasmas. Es la comarca del Sobrarbe.

Sus pueblos, tanto los situados en los valles de los Pirineos, como en los valles prepirenaicos están en lugares estratégicos, protegidos por fortalezas y castillos, rodeados de ríos y con montañas de altos picos, todo lo cual hace que haya sido sencillo crear alrededor de ellos esa magia que se da en los lugares donde la naturaleza es más poderosa que el hombre.

Ya hablamos también de brujas y de otros seres mitológicos cuando visitamos el Valle del Baztán, otro lugar de los Pirineos, en este caso navarros, donde notas que la naturaleza te envuelve.

Y si viajas en familia y hablando de brujas, puedes seguir el camino de los caballitos azules que nos lleva a descubrir la cueva de las brujas de Zugarramurdi. Es uno de los lugares mágicos para visitar con niños.

Pero hoy os voy a hablar de dos  pueblos que se encuentran en plenos Pirineos aragoneses, son Boltaña y Aínsa.

Os diré que, como punto y final del viaje por los valles pirenaicos del Tena y de la Ripera, y de Pineta y Gistaín, que ya os he detallado en posts anteriores, nos dimos una vuelta por el pueblo de Boltaña, donde hemos estado alojados estos días, y subimos hasta su castillo.

El pueblo de Boltaña es un pequeño pueblo, perteneciente a la comarca del Sobrarbe, que se encuentra situado en la carretera que va desde Sabiñánigo hasta Aínsa, dos pueblos muy interesantes también para visitar.

Vista de Boltaña desde el castillo

Tiene un casco antiguo muy cuidado, por lo que pasear  por sus estrechas y empinadas callejuelas es como volver a la Edad Media. Todas las calles del pueblo están mirando al sur para recoger los máximos rayos de sol y poder sobrellevar mejor los fríos inviernos.

Mientras recorremos las calles del pueblo vamos viendo multitud de casonas de piedra que nos  llaman la atención por la forma de sus chimeneas, chimeneas troncocónicas llamadas chamineras, todas con sus espantabrujas, una especie de piedra, a veces con forma de cruz, colocada arriba de la chimenea, que servían para alejar a las brujas y a los malos espíritus que sobrevolaban, según cuentan las leyendas, estos pueblos del Sobrarbe.

Este tipo de chimeneas aragonesas son muy parecidas a las que existen en la comarca francesa de Bresse, pero su origen es desconocido.

Chimeneas troncocónicas o chamineras con espantabrujas en Boltaña

Y en nuestro deambular por las calles de Boltaña llegamos a la Plaza Mayor donde se encuentra la Colegiata De San Pedro de estilo gótico aragonés, y desde allí y siguiendo las indicaciones y siempre hacia arriba llegamos  al inicio de la senda que nos conducirá al Castillo.

Camino hacia el Castillo

Y es que Boltaña está asentada alrededor de su castillo, al que se llega por una estrecha y bonita senda que sale desde la parte más alta del pueblo.

El castillo de Boltaña, aunque en ruinas, fue un Castillo románico y una de las primeras fortalezas cristianas construido en el siglo X. Ya en la Edad Media fue siendo abandonado, y cuando se construyó la fortaleza del vecino pueblo de Aínsa, perdió su interés defensivo y acabó en ruinas.
Pero este castillo no solo tiene un interés de fortaleza defensiva sino que, como toda esta comarca está llena de historias y leyendas mágicas, pues justo este castillo tiene la fama de que aquí se reunían las brujas para hacer sus aquelarres.

En la subida hacia el Castillo nos topamos con la Ermita de Santa Lucía, una de las varias ermitas, junto a la de San Sebastián y Santa Bárbara que hay en los alrededores de Boltaña.

Pequeña ermita de Santa Lucía

Y en esta ermita de Santa Lucía nos paramos un momento antes de alcanzar el Castillo,  para descansar un poco de la empinada subida y para observar las vistas que hay desde su mirador, que tiene un panel de señalizaciones de los pueblos y montañas que desde allí se ven.

Mirador de la Ermita de Santa Lucía

Seguimos subiendo hacia el Castillo y al alcanzarlo vemos a nuestros pies el pequeño pueblo de Boltaña, de unos 1000 habitantes y con el casco antiguo más grande del Pirineo aragonés.

Y muy cerquita de Boltaña, a unos cinco kilómetros, se encuentra la villa medieval de Aínsa, la capital de esta comarca del Sobrarbe y cuyo atractivo principal, y hacia el que te van dirigiendo las empinadas calles empedradas, es una enorme fortaleza con unas preciosas vistas por un lado hacia los picos de los Pirineos y la Peña Montañesa y por otro lado hacia la unión del río Ara con el Cinca, los dos ríos que rodean el pueblo.

Las calles de Ainsa te dirigen hacia la Plaza Mayor y el Castillo

Justo antes de llegar a la fortaleza te encuentras con la porticada Plaza Mayor y la sobria Iglesia románica de Santa María, un ejemplo del románico del Alto Aragón, y que tiene la curiosidad de que su claustro es irregular teniendo tres lados románicos y dos góticos.
También es curiosa su torre, excesivamente alta para su época, lo que nos hace pensar que se usaba no solo para fines religiosos sino también militares.

Vista de la Plaza Mayor de Ainsa desde el Castillo

Este pueblo lo visitamos en nuestro viaje a Alquezar y la Sierra de Guara, donde recorrimos también parte de la comarca del Somontano, con sus modernas bodegas, atravesamos las pasarelas del Río Vero y visitamos el Santuario de Torreciudad  sobre el pantano de El Grado. Un destino perfecto para unos días de desconexión de la ajetreada vida diaria.

¡Bonitos paisajes son los que verían las brujas montadas en sus escobas mientras sobrevolaban los tejados de estos pueblos del Sobrarbe!

Y si quieres conocer más valles de los Pirineos en el post Queridos Pirineos te cuento cuales son mis preferidos.

¿Y los tuyos?

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