DELFT Y EINDHOVEN: Tradición y modernidad en los Países Bajos.

En nuestro viaje a los Países Bajos (que no a Holanda, ya que ésta es solo una región del país), estuvimos alojados en Rotterdam, una ciudad supermoderna, que nos encantó, como ya expliqué en el post Rotterdam: un destino atípico en Holanda. Pero también queríamos conocer algún lugar cercano que cumpliera los requisitos de lo que te esperas cuando piensas en este país: molinos, canales cruzados por puentecitos, bicicletas…

Y nos aconsejaron visitar DELFT.

Típica imagen de Delft con la Oude Kerk al fondo

Este pueblecito, a mitad camino entre Rotterdam y La Haya y a media hora de tren de ambas ciudades, vivió su edad dorada en el S. XVII cuando  fue el puerto más importante de Holanda, hasta que el de Roterdam le quitó el puesto, pero sus calles y sus edificios se han mantenido, mas o menos, como estaban hace varios siglos.

Es una monería de pueblo, con sus canales, sus calles empedradas y una enorme plaza, la Plaza del Mercado, con unos edificios preciosos, donde destacan el Ayuntamiento y la Iglesia Nueva (Neuwe Kerk).

Y, claro, si hay una Iglesia Nueva es que hay una Iglesia Vieja (Oude Kerk), y eso fue algo que nos llamó mucho la atención, el hecho de que en un pueblo tan pequeño existieran dos Iglesias tan grandes y bonitas..

Y como curiosa que soy averigüé porqué. Resulta que en Delft había una Iglesia del s. XIII, construida al lado de un canal, la Oude Kerk. Un siglo después quisieron ampliarla y hacer un campanario más alto, pero como el terreno no era muy firme fue hundiéndose poco a poco, de hecho en este momento se nota bastante inclinada, por lo que decidieron hacer una Iglesia Nueva. En el interior de la Neuwe Kerk se encuentra el Panteón de la Familia Real Neerlandesa. Desde la altura de su torre, la segunda más alta de los Países Bajos, hay una bonita panorámica de Delft.

En la Plaza del Mercado, donde está la Iglesia Nueva, también está el Ayuntamineto y, como no podía faltar, una fábrica de quesos, donde puedes probar todas las variedades que tienen,antes de decidir cuál quieres comprar. Y te digo que, si te gustan los quesos, es una difícil decisión.

Fábrica de quesos en Delft

 

Interior de la fábrica de quesos
Ayuntamiento y Neuwe Kerk

El edificio del Ayuntamiento es precioso, de estilo renacentista con su reloj y su alta torre gótica. En esta plaza, así como en otra plaza cercana, a la que se accede bordeando la Iglesia Nueva, hay una variada oferta de lugares para comer o para sentarse a tomar un café, si hace un día soleado.

Delft es también el lugar de nacimiento del pintor Johannes Vermeer, autor del famoso cuadro, La Joven de la Perla, por lo que hay muchas referencias a este pintor y a su cuadro por todo el pueblo.

Vermeer está enterrado en la Iglesia Vieja o Oude Kerk. También puedes visitar el Centro Vermeer, que está ubicado en la que fue su antigua casa, aunque hay que saber que aquí no están los originales de sus cuadros, que por cierto, fueron muy pocos.

También es muy típica de Delft un tipo de cerámica, blanca y azul, muy bonita e original. Pero lo mejor de Delft es pasear tranquilamente por sus calles e irte encontrando con preciosos rincones, típicamente holandeses, que poder guardar en tu retina.

Calles que son canales en Delft

Y si quieres conocer este lugar en profundidad puedes hacer un Free tour por Delft, ya que las visitas guiadas siempre le dan un valor añadido a la visita a cualquier ciudad.

Y aprovechamos el último día, para conocer EINDHOVEN, ya que nuestro vuelo salía desde allí.

Ya de vuelta a casa teníamos que coger el avión que salía desde Eindhoven, por lo que volvimos a coger el tren de Rotterdam a Eindhoven y aprovechamos el último día en los Países Bajos para visitar esta ciudad, de la que en principio solo tenía referencia de que es donde aterrizan los aviones de Ryanair que salen desde Valencia y que es donde se creó la empresa Phillips, si, la de las bombillas, por lo que se la conoce como la Ciudad de la Luz.

La Iglesia de Santa Catalina

El tren te deja en el centro de Eindhoven y, en principio, es una ciudad, como otras muchas, que creció a finales del s. XIX, con la revolución industrial, en torno a una enorme e importante fábrica, la de iluminación y electrónica Philips, por lo que todo hace referencia a esto, incluso el estadio del equipo de fútbol PSV EINDHOVEN se llama Philips Stadium.

Eindhoven fue prácticamente destruida en la II Guerra Mundial y su rehabilitación se hizo con grandes rascacielos, como la Torre de la Luz, hoy convertida en hotel, y que tiene un icónico letrero de Phillips, ¡como no!, en su parte superior.

Debido al tipo de rehabilitación que hicieron de la ciudad, hoy queda un pequeñísimo casco histórico, en el que destaca la iglesia de Santa Catalina y alguna calle  alrededor de esta y poco más.

Paseando por Eindhoven

Y quizá esto sea lo más peculiar de esta ciudad, que no tiene nada especial, pero es agradable pasear por sus calles peatonales con bicicletas aparcadas por cualquier sitio, o tomar algo en sus puestos de comida callejera. Y ver algunos de sus edificios bastante estrambóticos, como The Blob, una especie de cúpula futurista que tiene tiendas en su interior.

The Blob y la Torre de la Luz

Lo que si se mantiene como cuando se construyó es la primera fábrica de Philips que, actualmente, es la sede del museo de la compañía.

Aquí, en el Phillips Museum, podrás  hacer un viaje desde 1891 hasta nuestros días, desde las primeras bombillas hasta los aparatos más innovadores que cuidan nuestra salud, pasando por todo tipo de electrodomésticos. Podremos escuchar, con la audio guía que te dan con la entrada, cómo la compañía ha ido innovando y siendo también pionera en la era digital.

Podremos descubrir cómo la evolución de Phillips ha ido pareja a la evolución de Eindhoven. La entrada vale 12, 50€ y los martes por la tarde el museo es gratis.

Pero, lo que más nos gustó de Eindhoven, fue una preciosa y tranquila librería, Boekhandel Van Piere, que tiene en su interior una cafetería llamada Coffeelovers, donde disfrutamos un montón, tanto mayores como pequeños, hojeando libros y merendando un buen café con tartas caseras. Y en el que no pudimos evitar comprar algunos libros infantiles, ¡en holandés!
Es un lugar perfecto, sobre todo si vas con niños, para resguardarte de la lluvia y del frío, que te suelen acompañar por tierras holandesas.

Cafetería-librería Van Piere en Eindhoven

Y así acabó nuestro viaje por una pequeña parte de los Países Bajos, conociendo unos lugares más típicos y otros menos, pero disfrutando de costumbres, comidas e idiomas distintos de los nuestros, que es de lo más interesante que tienen los viajes.

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