ELIGIENDO POR UN RECUERDO: AOSTA Y EL PARQUE NACIONAL GRAND PARADISO

Es hora de recordar. De recordar esos últimos paisajes que se me han quedado en la retina. De recordar nuestro último viaje.

En nuestro viaje del verano pasado a los Alpes italianos, además de visitar el Valle de Aosta y subir hasta tocar casi el Monte Bianco, y de pasar un día en Turín, también visitamos la ciudad de Aosta e hicimos una excursión por el Parque Nacional Grand Paradiso llegando hasta las cascadas de Lillaz.

Aosta, Augusta Praetoria cuando la fundaron los romanos allá por el año 25 a.de C., también conocida como la Roma de los Alpes, es una pequeña ciudad repleta de monumentos de distintas épocas, prehistóricos, romanos , medievales… que se puede visitar en un día, y que fue nombrada a principios de este siglo como «ciudad italiana con mejor calidad de vida», y me lo creo cien por cien.

Así que vamos a hacer un recorrido por esta tranquila ciudad por si algún día se te ocurriera pasarte por aquí.

Aparcamos en el parking del estadio Arena Sport, que es gratuito, ya que hay zona azul en toda la ciudad. De ahí, ya caminando, llegamos al Arco de Augusto, edificado en el año 25 a de C. , ¡ya ha llovido desde entonces!, en honor, por supuesto, del Emperador Augusto.

El Arco de Augusto

Desde aquí se coge la calle principal, repleta de tiendas y restaurantes y llegas al monumento más original, o al menos el que más me gustó a mí, la Puerta Pretoria, que está formada por dos arcos paralelos cada uno con tres pasajes, el del centro era para pasar los carros y los de los extremos para los peatones.

Puerta Pretoria de Aosta

Cruzando esta puerta y siguiendo por la calle principal llegas a la plaza del Ayuntamiento, y por una calle lateral a este edificio puedes ver, de cerca pagando la entrada o de lejos sin pagarla, lo más peculiar y que caracteriza Aosta, el Teatro Romano, con una espectacular y altísima fachada de varios pisos y con varias filas de arcos. Esta pared da idea de lo enorme que debió ser este teatro, y de la importancia que tuvo en su día esta pequeña ciudad.

Fachada del Teatro Romano, con los Alpes al fondo

Y también, cerca de allí, todo está bastante cerca, encontramos la Catedral, que aunque en principio fue paleocristiana, luego fue románica, gótica, pero que en la actualidad es barroca y neoclásica y no tiene nada de especial, excepto su portada que es muy colorida.

Catedral de Aosta

Aquí en Aosta, y en un restaurante pegadito a la Puerta Pretoria, tomamos una típica fondue valdostana, una fusión de la gastronomía francesa e italiana, lo mismo que este valle, donde se hablan los dos idiomas.

Fondue valdostana

El paisaje que se quedó en mi retina: Las cascadas de Lillaz

Otro de los días que estuvimos en el Valle de Aosta queríamos hacer alguna ruta de senderismo, y entre las muchas que se pueden hacer elegimos la de las Cascadas de Lillaz, en el interior del Parque Nacional Grand Paradiso.

Nada más salir de Saint Pierre, donde estábamos alojados en un chaletito alpino, el Hotel Lo Fleyé,  y coger la carretera principal que cruza el valle, nos desviamos a la izquierda, cruzando el río Dora Baltea y tomamos una carreterita que se va adentrando hacia los altos picos que nos rodean. Estamos en el Valle del Cogne y, una vez cruzamos el pueblo del mismo nombre, que es la localidad principal de este valle, llegamos a Lillaz, donde aparcamos el coche.

El ambiente que nos rodea es de montañeros que van y vienen, unos más cargados y otros menos, porque desde aquí salen multitud de rutas, algunas de varios días, que van penetrando en esta vertiente de los Alpes, y que llegan al pico Grand Paradiso, uno de los cuatromiles que componen esta cadena montañosa desde el lado italiano.

El recorrido que hacemos nosotros es muy agradable, sin mucha dificultad, pero que nos permite disfrutar de las vistas, del ruido de las cascadas que nos acompañan a lo largo del camino y de las miles de flores moradas que recrean nuestra vista.

Pasamos por lugares curiosos, como una virgen en una capillita hecha en un tronco, una cabaña en un árbol o un columpio colgando en el vacío, y como vamos sin prisas nos vamos parando aquí y allá, disfrutando del momento.

Una autentica casita en el árbol
Columpiándonos con los pies en el vacío

Y notamos que nos vamos acercando a las cascadas porque el estruendo del agua lo oímos cada vez más cercano. Y cuando llegamos solo queda ver, oír, sentir, oler y disfrutar.

Cascadas de Lillaz

Volvemos a Lillaz por otro camino totalmente rodeados de estas flores moradas típicas de estos montes, y como ya es hora de comer y hace un tiempo estupendo,  lo hacemos en una terraza del Hotel-Restaurante Ondezana, con vistas a los Alpes.

Queremos probar la polenta concia, que es un plato típico de este valle y que tienen en la carta. La polenta es una comida hecha con una especie de harina de maíz, muy usada en Italia, pero lo que caracteriza a la polenta en este valle es que se cocina con queso fontina, que es un queso autóctono del Valle de Aosta.

Polenta del Valle de Aosta

Y después  llega uno de esos momentos que recordarás mucho tiempo. Nos tumbamos en unas hamacas, con una agradable brisa y con la vista puesta en esas montañas gigantescas, los Alpes, que tantas ganas teníamos de volver a visitar.

De remate del día en Lillaz nos tomamos un helado, que ya sabéis que los italianos los hacen sabrosísimos, y que ya hemos probado en Turín, en Roma, en Venecia, en Bolonia

Descansando con vistas

Ya volviendo a Saint Pierre, donde está nuestro hotel, paramos en el pueblo de Villeneuve. Y paseamos en solitario, por un precioso parque a la orilla del  río Dora Baltea, que pasa por aquí con mucha fuerza. El parque tiene juegos infantiles, bancos, cesped… Un momento de verdadera tranquilidad.

Villeneuve a orillas del Dora Baltea
Subida al Castillo de Châtel-Argent

Y como casi todos los pueblos de este valle, Villeneuve también tiene en lo alto el Castillo de Châtel-Argent, del s. XIII, al que se accede por una empinada rampa tallada en la roca.

Hoy ya hemos hecho bastante ejercicio y no subimos hasta el castillo, pero pensar en la construcción de estas fortalezas ocho siglos atrás, con los medios de aquellos tiempos, te da que pensar. .

Nos encanta la sensación de tranquilidad que trasmiten los pueblos de este valle, al menos en verano, ya que son pueblos de turismo de esqui.

Pues hasta aquí mis recuerdos. Me apetecía recordar las sensaciones de este viaje del pasado verano, esa sensación de libertad y de tranquilidad, tan alejada de la rigidez de las grandes ciudades y no puedo evitar estremecerme al pensar que actualmente esta zona ha sido una de las más afectadas de Italia por el coronavirus.

Y también me hace pensar en cómo volveremos a viajar, en qué nos deparará esta «nueva normalidad».

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