ALQUEZAR Y LA SIERRA DE GUARA

Escribo esta entrada cuando aún no se han borrado de mi retina las imágenes de uno de los viajes que he hecho este verano, pero tengo que contaros lo que ha supuesto descubrir esta sierra de la provincia de Huesca, la Sierra de Guara, y el precioso pueblo de Alquezar.

En plenos prepirineos, al sur de Ainsa y de los valles de Ordesa y de MontePerdido se encuentra el pueblo de Alquezar. Es un destino poco conocido, de esos que me gustan a mí, de esos que cuando me preguntaban adonde me iba de viaje y contestaba que a la Sierra de Guara, la gente me decía ¿dónde está eso?.

Pero para mí no era una sierra desconocida pues hace ya muchos años, casi diría que más de 20, yo ya me había comprado los mapas militares, que solo vendían en una librería concreta de Valencia, porque ya le había echado el ojo a ese lugar, la Sierra de Guara, eclipsada por la fama de Ainsa y el Valle de Ordesa que tiene bastante cerca.

Aunque hoy en día ya no se usan a mí me encantan estos mapas.

Nada más llegar, y después de atravesar algunos pueblos en los que no se veía ni un alma por la calle, Alquezar te asombra al recibirte lleno de vida y su silueta, con el Castillo allá en lo alto, impacta realmente en tu retina.

Vistas de Alquezar

Y pensamos, ¿pero de dónde sale esta gente? Y es que los cañones que ha horadado el río Vero a su paso por Alquezar y alrededores hacen que este destino sea de los mejores para practicar barranquismo, y ésto es lo que ha hecho resucitar a este pueblo que se estaba quedando sin habitantes, como muchos de los pueblos de esta sorprendente provincia de Huesca.

Y la desbordante naturaleza y la afición al barranquismo de, sobretodo, los turistas franceses es lo que ha hecho que surjan las empresas de deportes de aventura y con ellas los hoteles y restaurantes, y que este pueblo hoy en día sea referente mundial para el barranquismo, aunque más conocido fuera de España que entre los propios españoles, y eso se notaba en la cantidad de extranjeros que había.

Después de hacer barranquismo hay que secar los trajes de neopreno

Pero aquí es un turismo tranquilo, creo que en su justa medida, sin ruidos, sin agobios, incluso con ese silencio sepulcral que se hace en estos pueblos al caer la noche y que tanto nos asombra a los urbanitas que venimos de ciudades ruidosas de día y de noche.

De noche Alquezar es un pueblo tranquilo y silencioso

Ha sido un viaje perfecto, de naturaleza, cultural y gastronómico, pues aunque no hicimos barranquismo, sí que hicimos la ruta de las pasarelas del Vero, visitamos el Santuario de Torreciudad cerca de Barbastro y catamos el buenísimo vino del Somontano en varias Bodegas. ¡Ah! y se me olvidaban los sabrosos quesos de cabra de Radiquero. ¡Ahora os lo cuento todo!

Alquezar está situada sobre el cañón del río Vero y forma parte del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara y del Parque Cultural del río Vero.

En Alquezar hay que visitar su Colegiata-Castillo con forma de fortaleza y la verdad es que es una curiosa mezcla de todo ésto. El origen de la fortaleza está en el s. IX, pero tiene un claustro gótico que se construyó en el s.XIV y del que aun se conservan algunos capiteles originales en sus columnas.

Claustro del Castillo-Colegiata

Y, para liarlo todo un poco más, entre los s. XV al XVII las paredes del claustro se decoraron con pinturas al fresco que muestran escenas del Nuevo Testamento, de las que aún se pueden reconocer algunas. Una verdadera mezcla de estilos que hace que la visita sea realmente peculiar.

Pinturas al fresco realizadas entre los siglos XV al XVII

Solo falta añadir, para redondear la visita y que ésta sea perfecta del todo, que las vistas desde aquí arriba no pueden ser más bonitas.

Vista de los cañones del río Vero desde el Castillo de Alquezar

Desde luego Aragón nunca deja de sorprendernos pues tiene pueblos preciosos como Alquezar y  como también lo son Albarracín o cualquiera de los pequeños pueblos de la Sierra de Gúdar.

El paisaje que se quedó en mi retina.- Las pasarelas del Río Vero

El día que habíamos decidido realizar esta ruta empezó nublado y al mediodía llovía. No sabíamos si íbamos a poder hacer la ruta de las pasarelas del Vero, pero por la tarde ya salió el sol y allá nos fuimos a hacer esta ruta que hacen todos los que pasan por Alquezar.

La ruta empieza justo enfrente del Ayuntamiento, poco más allá de la Plaza Mayor del pueblo. Y es allí mismo en el Ayuntamiento donde, después de pagar 4€ por persona, con lo que te entra un casco  y un seguro por si tienes algún incidente, te explican cómo es la ruta y qué itinerarios alternativos tienes si en algún momento algún tramo de pasarelas te da vértigo y no quieres atravesarlo. En el ticket va un teléfono al que puedes llamar si te ocurre algún incidente. La verdad es que está todo muy bien organizado.

Por este camino empieza la Ruta a las Pasarelas del Vero

Es una ruta de unos tres kilómetros de longitud y es circular, por lo que la empiezas y la acabas en el mismo pueblo. Y una vez estás preparado y con el casco puesto empiezas a bajar, ya que tienes que llegar a ras del río que corre encañonado entre altas paredes rocosas.

En esta primera zona parece que estés en una selva, llena de vegetación, y andas un buen rato hasta que vislumbras, allá en lo hondo, el río Vero.

En la bajada hasta el río estás rodeada de vegetación

Una vez llegas al río ya ves las pasarelas pegadas a la roca por las que vas a hacer el recorrido, cada tramo con más altura que el anterior, pero sin llegar a sentir vértigo.

Así son las pasarelas que van colgadas de la montaña, bordeando el río.

En el camino vas pasando por cascadas, pozas donde poder remojarte e incluso tienes que pasar por debajo de unas rocas que cayeron, Dios sabe cuándo, desde lo alto de la montaña.

Bonitos lugares que vas pasando a lo largo de la ruta

Al final llegas a un mirador desde donde se vislumbra el pueblo y todo el cañón que lo rodea y desde aquí solo queda la subida, bastante empinada por cierto, al punto de partida, por un camino sin casi árboles. Y es en este preciso momento cuando agradecimos que el día estuviera algo nublado y que el sol ya estuviera escondiéndose, porque es el trozo más pesado de hacer de toda la ruta.

Vistas del Castillo de Alquezar y del cañón del río Vero desde el mirador al final de la Ruta de las Pasarelas

Hemos pasado más de dos horas colgados literalmente de las paredes de roca del cañón del río Vero. Una experiencia totalmente recomendable incluso si vas con niños, solo necesitas llevar un buen calzado de montaña.

Otro día quisimos ir a visitar el Monasterio de Torreciudad, en el pantano de El Grado y el GPS quiso que para llegar cruzáramos la Sierra de Guara de parte a parte, pues nos llevo por unos caminos en los que pasamos por parajes y pueblos solitarios.

Todo precioso, pero tardamos mucho más que si hubiéramos ido por la carretera general de Barbastro. Aunque haciendo caso al refrán que dice que «no hay mal que por bien no venga», esta equivocación nos sirvió para conocer la Sierra de Guara en profundidad.

El Santuario de Torreciudad  es un lugar de peregrinación a nivel mundial, promovido por el fundador del Opus Dei, que había nacido en Barbastro.  Pero tengas las creencias que tengas el lugar donde está ubicado es espectacular: en un promontorio a la  orilla del pantano de El Grado, con unas vistas extraordinarias, mires por donde mires.

Vistas desde el Santuario de Torreciudad

Todo allí es grandioso, desde el patio exterior donde caben miles de personas hasta la Iglesia y la cripta que se encuentra en el subsuelo.

Entrando en el Santuario de Torreciudad
Panel de la Virgen Desatanudos

Visitamos su interior, supermoderno y extremadamente cuidado, y ya en el exterior nos llamó la atención la devoción que hay a la Virgen Desatanudos, que tiene unos paneles donde haces un nudo con una cinta en la que escribes tu problema y la Virgen te ayuda a desatarlos. Una tradición que yo desconocía hasta ahora, pero como soy de las que me tomo al pie de la letra aquello de que «allá donde fueres haz lo que vieres», pues ahí até yo mi nudo.

Desde el Santuario sale un camino hacia la antigua ermita que fue donde se encontró la talla románica del s. XI de  la Virgen de Torreciudad, que es una de las llamadas «Virgenes negras». Ésta en concreto está sentada en un trono y con el Niño en sus rodillas.

Junto a la ermita quedan restos de una Torre de Vigilancia de la época medieval.  Desde el  Santuario hasta la Ermita dimos un bonito paseo rodeados por las vistas del Pantano del Grado.

Torre de vigilancia y Ermita de Torreciudad

Y una vez que ya os he contado la parte cultural del viaje y la parte de naturaleza solo me falta contaros la parte gastronómica que, como no podía ser de otra forma estando en el Somontano, se basó en un recorrido por diversas bodegas de la zona.

Desde la más clásica, como la de Enate, o la de Viñas del Vero, ubicada en una típica masía aragonesa, hasta la más moderna como la de Sommos, con un edificio realmente espectacular.

Bodegas de » Viñas del Vero»
Moderno edificio de la Bodega Sommos

En esta moderna bodega, toda de acero y cristal, hicimos una cata de sus vinos en una sala como si fuéramos auténticos profesionales. Las visitas guiadas cuestan 10€, duran sobre una hora y media y al final se realiza una cata de tres vinos. Se realizan a las 11h. a las 13h. y a las 16´30.

Si estáis por la zona os recomiendo visitar esta bodega para conocer cómo se hacen los vinos utilizando las tecnologías más modernas.

Catando vinos en la Bodega Sommos

Todos estos días nosotros nos alojamos en el hotel Santa María de Alquezar, un hotelito muy cuidado, con muchos detalles y con unas bonitas vistas del pueblo y del Castillo.

Vistas desde el balcón de la habitación

Y cenamos en  la terraza del Bar Villacantal en la Plaza Mayor de Alquezar, donde, a unos precios asequibles, puedes cenar en un ambiente tranquilo y agradable y con vistas al cañón del río Vero. Por cierto, no dejéis de probar los quesos de Radiquero y los tomates de la zona.

Aunque en cualquiera de los restaurantes que hay a la entrada del pueblo también tienen bonitas vistas y buenos condimentos.

Terraza del Bar Villacantal en la Plaza Mayor de Alquezar

Han sido unos días muy bien aprovechados. Un pueblo, Alquezar, que nos ha dejado muy buenos recuerdos y cuyas imágenes de sus calles con los típicos «callizos», aún resuenan en mi retina. Los callizos son la demostración de que Alquezar ha conservado su fisonomía medieval intacta. Se trata de callejones cubiertos,que se aprovecharon para situar habitaciones voladas, ganando así espacio para las casas. Se decía que se podía cruzar Alquezar de parte a parte sin pisar la calle.

Típicos «callizos» de Alquezar

Pues ya sabéis, si queréis tranquilidad, deportes de aventura, paseos por la naturaleza y buena gastronomía no busquéis más, ya habéis encontrado vuestro destino: Alquezar y la Sierra de Guara. ¿La conocíais?

Alquezar de noche

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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