ELIGIENDO POR UN LIBRO: EL VALLE DEL BAZTAN

Ni soy la primera ni seré la última que vaya al Valle del Baztán después de leer “El guardián invisible” de Dolores Redondo. Los Pirineos han sido mi destino preferido desde siempre y creo que podría decir que conozco casi todos sus valles, pero justo el del Baztán no lo conocía y, después de leer la novela no podía permitirme el que justamente me faltara por visitar este valle pirenaico, recóndito, casi tocando el mar y donde las brujas y las lamias habían elegido vivir. Y así es cómo decidí que ese verano lo pasaríamos en Navarra, en el Valle del Baztán.

Valle del Baztán

Si habéis leído el libro comprenderéis que nuestra primera visita una vez llegados al destino fuera a Elizondo y, concretamente, a la Pastelería Malkorra, a comer txantxingorris. (Si no habéis leído el libro, pues leedlo y lo entendereis).

Elizondo es la capital del valle y está atravesada por el río Baztán, que más adelante cambia su nombre por el de Bidasoa. Sus casas al borde del agua crean la típica imagen que no puedes dejar de fotografiar. Nosotros lo hicimos al atardecer, pero los colores van cambiando a lo largo del día. Es una escena preciosa.

Elizondo

Nos alojamos en un pueblo cercano a Elizondo, en el Hotel Señorío de Ursúa, en Arizcun. Es un antiguo caserío navarro, que tiene un patio trasero con unas vistas estupendas donde  servían el desayuno y donde podías disfrutar del silencio y de la quietud de la vida rural, que suele ser lo que buscamos los que vivimos en una ciudad.

Esta sensación también la sentimos, por ejemplo, en nuestro viaje a Los Oscos en Asturias o a Tierra de Cameros en La Rioja.

Hotel Señorío de Ursua

El paisaje que guardé en mi retina:  Infernukoerrota

El Molino del Infierno. Ya el nombre era tentador. Infernukoerrota. Se cuenta que es un antiguo molino, ahora restaurado, que estaba escondido en medio del bosque y que utilizaban los campesinos para moler el grano de contrabando sin tener que pagar el diezmo correspondiente al dueño de las tierras, del que eran siervos. La historia me encantó y pude comprobar que es verdad que el molino está escondido en medio del bosque, y es verdad que sería difícil de encontrar. Me cuesta imaginar a los campesinos recorriendo  esos senderos de noche  para poder acceder al molino y conseguir su harina de maíz, sin que nadie los viera. Esa harina de maíz con la que luego hacen los “talos” que te sirven en el Molino de Amaiur, aunque esa ya es otra historia.

“Pottokas” salvajes

Para llegar allí, una vez te desvías de la carretera principal pasando Elizondo, dirección Pamplona, has de coger la carretera de Orabidea (NA-4453). Por esa carretera te vas metiendo unos 16 km.(que se hacen muuuuy largos ) hacia el Barranco del Infierno  y vas  dejando atrás cualquier núcleo habitado, tanto que allí los pottokas (pequeño caballo en euskera) campan a sus anchas por la carretera y cuando se apartan para dejarte pasar te miran con cara de “¿Que hace ese intruso en mis tierras?”

Ese barranco, el del Infierno, es el mismo barranco que luego pasa por las cuevas de Zugarramurdi. El sendero que va de las cuevas de Urdax a las de Zugarramurdi siguiendo el camino de los caballitos azules os lo mostraré en otro momento porque es otro paisaje que se me quedó en mi retina.

Truchas del vivero de Etxebertzeko Borda

Bueno, pues cuando ya estas pensando que te has equivocado de carretera porque te adentras y te adentras en el bosque, llegas a Etxebertzeko Borda, un caserío donde sirven unas truchas de su propio vivero riquísimas.

Y ahí empieza el camino al Molino del Infierno ,indicado con una  señal y que continua por un sendero estrecho siempre acompañados por el sonido del río,que discurre a nuestro lado. El recorrido es, más o menos, de un kilómetro.

 

Camino del Molino del Infierno

Y al final divisas el molino, colgado en el río, rodeado de vegetación y con una cascada atravesándolo, y viéndolo ahí,tan escondido, comprendes que hay lugares mágicos y que aquí es fácil creer en brujas, demonios y habitantes mitológicos como el Basajaun.

Infernukoerrota o Molino del Infierno

Ah, y por cierto, sino no te han entrado aún ganas de leer “El guardián invisible” para ver qué pasa en estos parajes tan misteriosos, es que lo has pensado poco.

 

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