vistas selva negra

ELIGIENDO POR UN DESTINO FRONTERIZO: LA SELVA NEGRA

Este fue uno de nuestros viajes de verano en los que intentamos huir del tórrido clima de Valencia buscando naturaleza, rutas de senderismo y lugares nuevos.

En esta ocasión decidimos ir a la Selva Negra, una zona de Alemania, en su parte sudoeste, que linda con Francia, concretamente con la región de la Alsacia.

El nombre de Selva Negra dicen que viene de los romanos, que la llamaron así por la oscuridad que tienen sus caminos al atravesar profundos bosques de abetos, bosques tan densos que dan a su paisaje una apariencia oscura.

Por las carreteras de la Selva Negra

La idea era coger un avión hasta el aeropuerto más cercano y allí alquilar un coche. Y después de mirar y ver que habían quitado la ruta Valencia – Baden-Baden, que nos hubiera dejado en el centro de la Selva Negra, el mejor traslado era Valencia –  Frankfurt-Hanh.

Este aeropuerto nos pillaba a unas cuantas horas de viaje del primer destino donde íbamos a pasar la noche, pero mirando el mapa vimos que podíamos aprovechar para visitar Heidelberg, que está señalada como una de las ciudades más románticas de Alemania, además de la sede de una de las Universidades más antiguas y más prestigiosas del país.

Vistas del Castillo de Heidelberg desde la Karlsplatz
Puerta del Puente Viejo

Heidelberg es una ciudad bastante grande, cabeza de distrito. Nosotros paseamos por la Ciudad Vieja o Aldstadt, que es toda peatonal y tiene numerosos edificios barrocos, como la recargada fachada del Hotel Ritter y la Iglesia que se encuentra justo enfrente, la Heiliggeistkirche o Iglesia del Espíritu Santo.

Aquí, en el Centro Histórico, se encuentra la sede de la Universidad con el bonito edificio de su  Biblioteca. Justo enfrente está la Iglesia más antigua de la ciudad, del siglo XII, la Peterskirche.

No tuvimos tiempo para subir al Castillo, que está en ruinas pero desde donde se deben tener unas bonitas vistas de la ciudad, y al que se sube con un funicular, ni pudimos pasear por el Paseo de los Filósofos, al otro lado del río, pero sí que nos hicimos fotos en el famoso Puente Viejo, que es como todos conocen al Puente de Carlos -Teodoro. Este puente está catalogado como uno de los más bonitos de Europa, con su imponente puerta de entrada.

Vistas del Paseo de los filósofos desde el Puente Viejo en Heidelberg
Gasthof Zur Blume

Nuestras dos primeras noches en la Selva Negra fueron en Gengenbach, el típico pueblecito de cuento donde se rodó la película de Tim Burton “Charlie y la fábrica de chocolate”.

Nuestro alojamiento fue en el Gasthof Zur Blume, un acogedor hotelito donde descansamos del cansancio del viaje, después de recorrer las calles de Gengenbach y cenar en una tranquila terracita, ¡cuando ya estaban a punto de cerrar! pues aún no nos habíamos habituado al horario europeo.

Gengenbach es como un pueblo sacado de un cuento…

Al día siguiente nuestra idea era recorrer la Schwarzwaldhochstrabe o Carretera de la Alta Selva Negra (la B-500), que va de Baden-Baden hasta Freudenstadt. Asi que nos fuimos camino de Baden-Baden. Una vez allí dimos una vuelta por esta ciudad, conocida por su Balneario y su Casino y llena de comercios de lujo y joyerías y después ya emprendimos camino por la carretera de la Alta Selva Negra.

Ayuntamiento de Baden-Baden

Había leído que Sasbachwalden era un pueblecito que valía la pena ver y cogimos el desvío que nos indicaba hacia allí. El pueblo es bonito, rodeado de viñas, con sus casitas y su Iglesia, pero como muchos otros pueblecitos que íbamos a ver a lo largo de nuestro viaje, por lo que yo no aconsejaría desviarse para verlo.

Alrededores de Sasbachwalden

Aunque creo que esta opinión está un poco condicionada porque entre que hacía mucho calor y que ya era la hora de comer y no encontrábamos ningún sitio para hacerlo no tengo un buen recuerdo de este pueblo.

Ya saliendo de Sasbachwalden y a punto de llegar de nuevo a la B-500 comimos en una terracita de un Gasthof y tras descansar, aunque seguía haciendo muchísimo calor, seguimos camino hacia el lago Mummelsee.

Lago Mummelsee

El lago Mummelsee está en la misma carretera B-500. Es un lago glaciar en un bonito paisaje pero ¡lleno de gente y de tiendas de souvenirs! Dimos un pequeño paseo por su orilla y volvimos al coche. Desde aquí salían varias rutas de senderismo que serán chulas de hacer si piensas pasar en el lago todo el día.

El paisaje que se quedó en mi retina : Ruinas y Cascadas de Allerheiligen

Menos mal que la última parada antes de volver a nuestro alojamiento en Gengenbach fue lo mejor del dia: las Ruinas y las Cascadas de Allerheiligen, un antiguo Monasterio en ruinas, invadido por la naturaleza y rodeado por un paseo al lado de unas cascadas cuyo ruido te va acompañando todo el camino.

Un lugar realmente mágico que no debes perderte si vas a la Selva Negra.

Ruinas de Allerheiligen

El Monasterio fue durante muchos siglos un lugar de culto y peregrinación y los monjes hicieron de maestros de los niños de todos los pueblos de los alrededores.

En el año de 1804 un rayo destruyó la torre de la Iglesia y se incendió lo que hizo que la Iglesia se quedara tal y como la vemos ahora. Algunos años después del incendio el Monasterio fue abandonado.

La naturaleza invade las ruinas del Monasterio

Desde el Monasterio sale el camino hacia las cascadas. Vas bordeándolas, cruzando puentes de madera y bajando escaleras, siempre con el murmullo del agua a tu lado. Las cascadas constan de 7 saltos con 90m. de caída y las puedes recorrer de arriba hacia abajo dejando el coche en el aparcamiento del Monasterio, o de abajo hacia arriba dejando el coche en el aparcamiento que hay al final de las cascadas.

Recorriendo las cascadas de Allerheiligen

Hay muuuuuchas escaleras que tendrás que bajar y volver a subir o subir y luego bajar dependiendo de donde hayas dejado el coche. ¡Tú eliges!. Nosotros las recorrimos desde el aparcamiento de abajo. Son unos dos kilómetros de ida y otros tantos de vuelta.

Como era ya a última hora de la tarde estábamos casi solos, por lo que os puedo decir que es un lugar poco conocido, gratuito y recomendable al 100%

Cascadas de Allerheiligen

Al día siguiente visitamos otras cascadas, las de Triberg, las más altas de Alemania, pero aunque también son impresionantes no las rodea ese ambiente de paz y tranquilidad que sentimos en Allerheiligen.

Entrar en las cascadas de Triberg cuesta 4€, (los niños hasta los 7 años entran gratis). Nos asombró que estuvieran situadas en medio del pueblo de Triberg, también conocido por la fabricación de relojes de cuco. Todo el pueblo está repleto de estos relojes de todas las formas y tamaños.

Relojes de cuco en Triberg
Tarta de la Selva Negra

Aquí probamos nuestra primera Swarzwälder kirschtorte o Tarta de la Selva Negra, un clásico de la repostería alemana y el postre típico de esta región. Es una tarta hecha  con cerezas y con bizcochos emborrachados con kirsch, que es un licor hecho también con cerezas. Esta tarta se convirtió en nuestro postre preferido a partir de hoy y la tomamos siempre que tuvimos ocasión.

Con la entrada de las cascadas te dan un mapa con distintos recorridos. Nosotros elegimos el más corto que sube directamente hasta la cascada más alta, pasando por puentecitos y cabañas de madera y viendo las cascadas desde distintos ángulos. Si tienes más tiempo puedes hacer los otros recorridos en los que te adentras por el bosque y puedes encontrarte con ardillas y otros animalillos silvestres. Cualquier recorrido que elijas es precioso, todo depende del tiempo del que dispongas y de las ganas que tengas de andar.

Entrada a las cascadas de Triberg
Vistas desde Hexenlochmülhe

Nuestro siguiente destino es el lago Titisee, pero nos desviamos de nuestro camino para comer en Hexenlochmühle o el Molino del Arroyo de las Brujas. Este es un antiguo molino, hoy convertido en restaurante, en medio de la nada y en plena naturaleza.

Aquí es donde nace el río Gutach que atraviesa la Selva Negra, entre bosques profundos y desfiladeros rocosos. El lugar es impresionante pero hoy sigue haciendo muchísimo calor y no podemos disfrutar del lugar como lo hubiéramos hecho con otra temperatura. ¡Qué se le va a hacer!

Hexenlochmülhe

El lago Titisee es un destino vacacional de los alemanes y eso se nota cuando llegamos. Está lleno de restaurantes, hoteles, tiendas de souvenirs, ¡hasta una noria gigante! Es un lago glaciar pero bastante grande por lo que decidimos buscar una zona un poco alejada del bullicio estival para, al menos, darnos un bañito ya que el día, con las altas temperaturas que estamos sufriendo, lo merece.

Lago Titisee

¡Y lo conseguimos!, pero pronto decidimos seguir camino para ir a Todtnau, el siguiente pueblo,  para montar en una especie de tobogán gigante que son muy típicos de estas tierras.

Es el “Hasenhorn Coaster” y fue de lo más divertido que he hecho en mucho tiempo. Si venís por aquí organizaos para bajar la montaña en esta especie de trineo que va por raíles, y en los que controlas tú la velocidad, intentando no chocarte con el de delante ni que te alcance el que viene detrás.

Rodelbahn de Todtnau

Primero subes arriba de la montaña en un telesilla, y solo por las vistas desde arriba ya vale la pena subir. Después,  para bajar, lo haces en este trineo. Este “rodelbhan” o tobogán es el más largo de los varios que hay en la Selva Negra, ya que la bajada dura 3 Km.

Vistas de Todtnau desde lo alto del “Rodelbahn”
Diversión y adrenalina…

La atracción cuesta 9€ por persona y te sirve para  la subida en telesilla y la bajada por el “rodelbahn”. Cuando llega la hora de bajar te subes al trineo, te pones el cinturón de seguridad, y después de que un empleado te de  las explicaciones de cómo funciona (en inglés o alemán), te lanzas hacia abajo.

El manejo es muy sencillo, llevas dos palancas una en cada mano, si las presionas hacia abajo aceleras, si las echas para atrás, frenas. Has de guardar 25 m. de seguridad con el coche que llevas delante y cuando vas llegando al final debes ir frenando tal y como te van indicando los distintos carteles que hay.

¡Sumamente divertido!. Yo iba tan concentrada que no pude fijarme en las vistas que vas teniendo a medida que bajas por la montaña, pero deben ser impresionantes. Son tres kilómetros de pura adrenalina, con unas curvas de vértigo. ¡Bueno, al menos eso me pareció a mí, que frenaba tanto que creo que hice cola!

Y nos vamos ya hacia el alojamiento de esta noche, un hotelito en plena Schwarzwaldpanoramastrasse o Carretera Panorámica de la Selva Negra. Esta carretera, de unos 50Km. está considerada como una de las más bellas de la Selva Negra. Va de Hinterzarten hasta Waldkirch y cruza el Monte Kandel, el más alto de esta región.

Cerca de la cima de este monte está nuestro alojamiento para las dos siguientes noches, el Hotel Altersbach.

Hotel Altersbach.

No sé si fue porque cuando llegamos estaba anocheciendo y empezaba a llover, o porque el hotel estaba en un lugar solitario lejos de cualquier otro núcleo habitado, o porque ya llevábamos bastante rato conduciendo por una carretera llena de curvas y sin cruzarnos con un solo coche, pero el caso es que cuando vimos el hotel nos dio la impresión de que nos iba a abrir la puerta Morticia y Gómez Addams o, peor aún, las gemelas de “El Resplandor”, pero no, nos recibieron unos sonrientes y amables alemanes que, como era de esperar, solo hablaban alemán. ¡Fue divertidísimo intentar entendernos con ellos durante estos días!

Vistas desde nuestra habitación en el Hotel Altersbach

Estuvimos genial en este hotelito, que tenía una terraza con unas vistas de escándalo y donde nos tomamos unas estupendas cervezas, cenamos de maravilla y  comimos la más espectacular y sabrosa Tarta de la Selva Negra de todo el viaje.

Apetecía hacer deporte por este paisaje…

Los días siguientes aprovechamos las sendas que rodeaban al hotel, Elena para hacer deporte y nosotros para pasear, respirar aire puro y saborear el silencio, roto tan solo por las numerosas motos que utilizan esta carretera con tantas curvas para disfrutar de lo lindo.¡Hay que ver la cantidad de afición a ir en moto que hay en Alemania!

También aprovechamos para pasar una tarde relajada y tranquila viendo como la gente  se tiraba en parapente desde lo alto del Monte Kandel.

Haciendo parapente en el Monte Kandel

Aún nos faltaba visitar Friburgo, considerada la capital de la ecología, y recorrer toda la zona de la Alsacia, ya en Francia, con sus pueblecitos de cuento como Colmar, para acabar visitando Estrasburgo, una ciudad que nos encantó. Pero eso ya es otra historia, que en otro momento os contaré.

Ahora nos vamos despidiendo de nuestro acogedor hotelito, de estas serpenteantes carreteras y de los bosques oscuros y profundos. No nos ha acompañado el tiempo pues ha hecho bastante calor, pero es una buena excusa para volver a visitar en otro momento todo lo que nos ha faltado por ver en la espectacular Selva Negra.

Auf wiedersehen! Adios!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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